El peso de la indecisión en el Ecuador polarizado

Caroline Avila Nieto

l incremento del voto nulo, que al parecer sube más de dos puntos en estas últimas semanas, no es un accidente ni puede explicarse únicamente por desinformación o apatía. Responde a un fenómeno más complejo: la indecisión estructural en un contexto de polarización afectiva. Esta indecisión no se traduce en neutralidad, sino en una sensación de hartazgo y desconfianza generalizada hacia las opciones existentes. En lugar de movilizar, el ambiente político está desmotivando a los votantes que no se identifican plenamente con ninguno de los extremos, generando parálisis electoral.

Una de las causas más evidentes de este fenómeno fue el reciente debate presidencial. Lejos de ofrecer un espacio para el contraste de propuestas, se convirtió en un intercambio de acusaciones, justificaciones personales y ataques calculados. Este tipo de confrontación constante no clarifica, sino que cansa. En términos comunicacionales, se produce un desgaste emocional: el votante no encuentra razones para decidir, sino más motivos para desconectarse. La saturación de mensajes negativos genera una reacción defensiva y, en muchos casos, evasiva: la indecisión se convierte en una forma de protección ante el exceso de ruido.

Otro momento clave en la campaña fue la fotografía del candidato Noboa con Donald Trump en un evento no oficial. A pesar de que una parte del electorado ve con buenos ojos el fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos, el manejo comunicacional de esta acción generó desilusión. La expectativa de un respaldo sólido terminó en una imagen simbólicamente ambigua. Este tipo de gestos, vacíos de contexto real, activa la ambivalencia emocional del votante: puede estar de acuerdo con la idea, pero rechaza el modo en que se presenta. La emoción dominante no es la esperanza, sino la decepción.

Del otro lado, la firma del acuerdo entre partidos de izquierda con Luisa González fue percibida como un paso político importante, pero incompleto. La ausencia de Leonidas Iza, figura clave para la movilización del voto indígena y popular, debilitó el mensaje de unidad. La firma sin el rostro visible del liderazgo real redujo la fuerza simbólica del acto. Desde la comunicación política, esto se traduce en una falta de coherencia narrativa: la historia de unidad pierde credibilidad si no está contada por sus protagonistas más influyentes. En conjunto, estos eventos muestran que la campaña no solo disputa votos, sino que también lidia con un electorado emocionalmente extenuado y cada vez más escéptico. (O)
@avilanieto

Dra. Caroline Ávila

Académica. Doctora en Comunicación. Especialista en Comunicación Estratégica y Política con énfasis en Comunicación gubernamental. Analista académica, política y comunicacional a nivel nacional e internacional.

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