Judaísmo, Cristianismo e Islamismo, las tres grandes religiones monoteístas de la historia, nacen de tronco común y comparten símbolos, significantes y significados profundos; así, la pascua, palabra derivada de la voz hebrea pesáh que se traduce como paso y simboliza el paso o salto de un estado, de una estación, a uno nuevo.
Moisés, Jesús y Mahoma, padres de las tres religiones proponen un mensaje basado en la libertad como fundamento, meta y destino; libertad del cuerpo, de la mente y del espíritu; la libertad como expresión de la conciencia que se eleva y proyecta a su yo infinito.
El origen de la pascua se remonta en la noche del tiempo hasta las primeras sociedades humanas que se movían desde y hacia “campamentos” en función de las estaciones y las condiciones que estas imponían para su normal desarrollo; luego, al entender los procesos astrales y su influencia en la tierra, desarrollaron ritos y rituales que se fueron introduciendo en sus cosmovisiones y expresándose desde usos, costumbres y tradiciones.
En la pascua judía se conmemora la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto; en la cristiana, la resurrección de Jesucristo; y, en el Ramadán, pascua islámica, se conmemora la primera revelación de Mahoma; las tres se establecen en función del calendario lunar, las dos primeras demandan un periodo previo de preparación de cuarenta días; en tanto que la islámica consiste en un proceso conmemorativo de treinta días.
Caminamos sobre la cuaresma, periodo judo-cristiano de preparación para la pascua, la fiesta del Cristo solar sobre cuyos mitos y misterios se levantan las alegorías y fundamentos de una fe llena de contenidos trascendentes.
En las tres religiones la profesión de la fe, reconocer la fidelidad monoteísta; la oración, como encuentro de la trascendencia; la limosna, vista como la purificación a través de la ayuda efectiva y afectiva; el ayuno y la abstinencia en que se forjan voluntad y carácter; y la peregrinación, entendida como emprender el viaje… (O)