
La variedad paisajística de nuestro entorno rural es cada vez más cercana en la medida que los gobiernos locales comienzan a promocionarlos como atractivos para una población citadina que busca destinos, próximos, para un paseo de fin de semana, feriados o días festivos, aprovechando que nuestra geografía es rica de encantadoras lagunas, limpios ríos, atractivos páramos, bosques, colinas y espectaculares miradores.
El Mirador de Mama Tepal en la parroquia Santa Ana, la Mama Loma, la Mama de todas las lomas en lengua vernácula, fue nuestro primer destino de un tour de miradores que iniciamos con mis nietos de vacaciones. Ese día la naturaleza fue recíproca con nuestro anhelo, ofreciendo un espléndido día de cielo limpio y viento fresco ideal para hacer cumbre por encima de dificultades como la carencia de señalización y la búsqueda de un sendero que no existe, apenas rezagos de una trocha empalizada perdida en la vegetación o cortada por atajos tractorados y terraplenes. Pero llegamos a su terraza coronada con una bonita iglesia y, buscando los mejores ángulos entre la tupida fronda de eucaliptos y cipreses, disfrutamos de su vista. En sus faldas Santa Ana y Pichacay; Paccha con el Huahualzhumi imponente y el Cubilan al frente, la microcuenca del río Jadán y la parroquia homónima con El Verde en contrapunto; El bosque protector Aguarongo y en sus faldas como pintados Zhidmad, Lalcote, Ingapirca, anejos y caseríos; las microcuencas de los ríos Gordeleg y Quingeo; El Valle, Ictocruz, Gapal y Castillacruz, y más allá, ocupando todo el gran valle hasta el horizonte, las ciudades Cuenca y Azogues con su marco montañoso.
En el descenso, tras la euforia por la meta alcanzada, nos invade un sinsabor por el estado de abandono del mirador, pero puede más su encanto y volvemos sobre los valores de los miradores en la cosmovisión de los pueblos nativos, sus significados rituales y estratégicos en concordancia con los materiales arqueológicos, presentes en muchos de ellos o, se sabe que existieron en sus cimas y que abundan en la magia de su entorno. (O)