
Siempre que hablamos del barrio Las Herrerías, insensiblemente, vuelven a la memoria las ferias artesanales de la Fundación Paul Rivet que, desde la casa de Chaguarchimbana, dinamizaron la economía barrial, de la ciudad y del país durante 15 años consecutivos (2000-2015), hasta que, terminado el comodato entre la Fundación y la Municipalidad, al privarse del local no volvieron más, convirtiéndose en parte del imaginario barrial y de la ciudad como un nostálgico espacio de encuentro cultural.
Lo mejor de la artesanía cuencana, de la región y del país se exhibían y ofrecían al público en sus salas, pasillos y corredores de las plantas superior e inferior, del patio, traspatio y huerta de la hermosa casa que, recién restaurada, lucía los terminados en madera de pilares, puertas, ventanas, gradas, pasamanos y tumbados, pinturas, murales y el mirador. Que inmensa y diversidad de productos de la mano de sus hacedores, emprendedores, comerciantes y guías: cerámica, joyería, hojalatería, hierro forjado, tejidos, bordado, cestería, instrumentos musicales, juguetería, marmolería, sombreros y más primores de paja toquilla, talabartería, pintura popular, mueblería, pirotecnia, cantería, escultura, indumentaria tradicional y moderna. En el patio de comidas, lo mejor de la gastronomía festiva local, nacional e internacional a precios al alcance de todos los bolsillos; los espectáculos musicales, teatro, danza, orquestas y bandas, lo más selecto de la cartelera y farándula popular. Juegos, magia, caricaturistas, adivinos, raperos, sorpresas y exhibiciones espontáneas que amenizaban los 10 días, promedio, que duraban las ferias. Y las posibilidades comerciales del vecindario ofertando sus productos y una nueva línea gastronómica que crecía y hoy identifica al barrio.
Paulatinamente, las grandes ferias de abril y noviembre por las fiestas de Cuenca y las menores por el Día de la Madre y la navideña, se convirtieron de local en regional, nacional e internacional en la medida que llegaban feriantes de diferentes regiones del país, del norte del Perú, del sur de Colombia y otros países, como rescatando una legendaria tradición comercial austral con pueblos vecinos, como la Feria de Loja y la Feria de Sullana, entre otras, aún presentes en el imaginario local. (O)