El presidente Daniel Noboa no parece aterrizar en la realidad tras el revés electoral.
Ha tratado de remozar, de manera parcial, su gabinete presidencial. Para el ojo crítico, no es más que un “juego de sillas”. En otros casos, designaciones improvisadas, como quien apostando a ver si funcionan o le son funcionales.
Pero el contrapunto mayor de Noboa se nota en sus viajes al exterior: 27 hasta ahora. Suman 114 los días fuera del país. Los ha convertido en una especia de política de Estado.
Si eso es criticable, con mucha mayor razón lo es cuando viajes furtivos los convierte en oficiales, a renglón seguido en confidenciales, confundiendo a los ecuatorianos, abusando de su buena fe.
Tal si eso fuera poca cosa, ahora arma otro viaje a Estados Unidos. Primero informa, no él directamente por su puesto, que se trata de un viaje oficial, designando, incluso, una comitiva presidencial; pero, como si fuera una raya mal hecha, la borra enseguida, para decir que es un viaje por asuntos personales.
Por más urgentes o necesarios que sean, un presidente no puede anteponer los suyos, los de sus empresas familiares, a los del Ecuador.
Fue elegido para gobernar. No que lo haga por medio de Zoom (si lo hace), a través de su IPhone, peor por su cuenta X, o, simplemente, ver de lejos la geografía nacional.
Más contraproducente son los viajes previstos para diciembre y comienzos de 2026. Unos, y largos, por vacaciones. Otros para mantener encuentros con la Unión Europea en busca de inversiones; para asistir a Foro Económico Mundial, y para acompañar a Corina Machado, Premio Nobel de la Paz.
El Gobierno, como ahora, ha justificado los viajes apalancándose en conseguir inversiones y buscar apoyo para la lucha contra el crimen organizado.
¿Dónde están los resultados, en especial en inversiones que valgan la pena?
Presidente, el Ecuador está aquí. Dedíquese a gobernar en serio; ¿o está con pereza?






