Este concepto, que representa a lo que se considera es correcto y debe guiar los actos de los ciudadanos y la gestión de lo público, está tan en desuso en la política ecuatoriana, que su sola mención podría ser un anacronismo. ¿A quien le puede interesar gestionar en la esfera de lo que es apropiado moralmente?, cuando lo que prima como objetivo es la ganancia y el poder, a cualquier precio.
Para que esta idea tenga vigencia, es necesario que quienes ejercen funciones públicas, comprendan la importancia de la corrección cívica y fundamenten su actuar en ese referente, que podría ser interpretado como hacer lo adecuado jurídica y moralmente en el ejercicio de sus funciones como servidores públicos. Sin embargo, a ojos vista, esa consciencia no existe, si analizamos la forma de gobernar en todas las funciones del Estado.
La presidencia de la República ha mostrado formas autoritarias en su gestión. El deber ser de un presidente democrático es cumplir con las normas jurídicas, sin embargo, no lo hace. El deber ser del ejercicio del poder, exige el fortalecimiento de la transparencia y de la honestidad en el manejo de los recursos de todos nosotros, pero tampoco lo hace. Los casos de oscuridad son varios como el de la adquisición de los generadores eléctricos y el enorme perjuicio a los recursos públicos sin que haya reacción institucional por parte de la Fiscalía y de la Contraloría para esclarecer los hechos.
El deber ser de la gestión pública, que exige que los ministros y otros altos funcionarios de libre nombramiento sean moralmente probos e intelectualmente competentes, tampoco se cumple, pues sus cercanos colaboradores forman parte de su círculo de amigos y empleados, siempre listos a obedecer ciegamente, acompañándolo en viajes y actividades que incluyen fines de semana de descanso y paseos.
El deber ser de un gobierno es cuidar la seguridad de los ciudadanos y eso tampoco se ha alcanzado. Ha empeorado dramáticamente. Ecuador es uno de los países más peligrosos de América Latina y uno de los peores del mundo en esta categoría tan importante.
Los analistas hablan de algunos aciertos del gobierno en aspectos macroeconómicos, sin embargo, las previsiones para el año próximo son negativas en cuanto a crecimiento e inversión.
El deber ser, como categoría moral de la deontología, se encuentra en el escenario de lo ideal. Es el concepto que orienta el quehacer humano, mostrando el camino a seguir para quienes buscan la justicia y el bien común, objetivos ineludibles, en la gestión de lo público. (O)





