Un año que no logró llegar a la mesa

El 2025 se cierra para el Ecuador con un balance complejo, marcado por esfuerzos visibles del Estado que no lograron traducirse en alivio cotidiano para la ciudadanía. En seguridad, lejos de la contención esperada, el año fue el más violento de la historia, confirmando que las medidas extraordinarias no bastaron para revertir una crisis estructural. En lo económico, pese a señales de estabilización macroeconómica (reducción del riesgo país, leve recuperación de ventas) el empleo y los niveles de pobreza permanecieron prácticamente inalterados. El dato es políticamente relevante: cuando los indicadores no se reflejan en la mesa de los hogares, el respaldo ciudadano se erosiona.

En el plano político e institucional, el desgaste fue evidente. El paro de octubre expuso fracturas sociales no resueltas y una capacidad limitada de diálogo efectivo. A ello se sumó el resultado adverso de la consulta popular, que debilitó el capital político del Ejecutivo y abrió cuestionamientos sobre su liderazgo y estabilidad. La pérdida sostenida de aprobación no solo condicionó la agenda legislativa, sino que instaló una sensación de incertidumbre que atravesó esta parte final del año y tensó la relación entre gobernantes y gobernados.

En contraste, Cuenca ofreció una de las señales más consistentes del 2025 desde el ámbito local: su defensa ambiental. La movilización ciudadana en torno al llamado Quinto río recordó que existen causas capaces de trascender coyunturas políticas, ideologías y clases sociales. La protección del agua se consolidó como un punto de encuentro, una narrativa común que devolvió sentido de comunidad y mostró que la acción colectiva aún puede marcar límites claros a determinadas decisiones.

De cara a un 2026 preelectoral, el desafío será distinto. Las autoridades locales enfrentarán una evaluación más exigente: no bastará la visibilidad ni el discurso, sino la capacidad real de concreción, planificación y proyección de futuro. En ciudades y provincias, la posibilidad de reelección dependerá menos de la coyuntura nacional y más de resultados tangibles que conecten gestión con bienestar.

REM

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REDACCION EL MERCURIO
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