Cuenca, nuestra querida Atenas, ha sido siempre, a los ojos de la historia, la brújula que orienta la reflexión crítica y el pensamiento libre. Y el alma de ese pensamiento ha residido siempre en la Academia. En efecto, cuando la universidad cuencana levanta su antorcha, la región entera se ilumina. Cuando, por el contrario, la academia entra en la penumbra, la ciudad se estanca a su sombra. Es por eso que, lo que ocurre al interior de sus campus, lejos de ser un tema doméstico, se convierte en un asunto de ciudad. Estas instituciones, por su peso histórico, dejan de pertenecerse a sí mismas y se convierten en el termómetro intelectual de la sociedad
Hoy, cuando otros centros de educación superior de la región escalan en los rankings, se acreditan conforme a estándares internacionales y destacan como generadores de ciencia y conocimiento, la universidad pública pierde el paso y se aletarga. Por eso, las horas que actualmente atraviesa la respetada Universidad de Cuenca resultan críticas. Es hora de que la universidad pública pueda repensarse, atender el espacio físico que dota de dignidad a lo público, y comprender que, en pleno siglo XXI, resulta inconcebible que la comunidad académica deba luchar contra sistemas informáticos indescifrables y un aparato procedimental que, lejos de facilitar el conocimiento, parece entorpecerlo.
La U necesita un liderazgo capaz de romper la inercia del pasado y entender que la autonomía se defiende con eficiencia. Comprender que la excelencia es un concepto que se habita sobre bases cotidianas, que la tecnología debe ser un puente y no una barrera y, sobre todo, que asuma con urgencia la necesidad de lograr una inserción profesional real y competitiva de sus graduados, planificando el «día después» de un grado con certeza laboral, y no con la angustia del desempleo.
Sí, la universidad pública necesita recuperar la estatura histórica que habita en el legado de José Peralta, Carlos Cueva y tantos otros hijos de esta insigne alma máter. Por esta razón, el próximo lunes la comunidad universitaria tiene en sus manos un mandato histórico que no consiste solamente en elegir un nombre, sino un camino y una visión… (O)
@andresugaldev










