Hay que decirlo

Está claro. Él mismo lo dijo. Será candidato a la reelección. Y con esta aspiración, Cristian Zamora trabaja con denuedo, no se guarda las apariencias; no controla sus impulsos, al contrario, quiere controlar todo a las buenas o a las malas; es una cascada de pasiones; de iracundia, también. Hasta parece estar convencido de que Cuenca le necesita.

Imposible imaginar cómo actuará cuando reúna bajo cuatro paredes a su equipo de trabajo, sobre todo cuando crea que las cosas van mal o presienta que alguien le pone zancadillas.

Esa es su personalidad. Allí se resume en algo su algoritmo temperamental. A estas alturas de su trajinar político, imposible que pretenda ponerse una máscara. Cuenca le ha descubierto. Y él lo sabe.

El problema no es que Zamora quiera ser reelegido. Por eso mismo rompe la piñata, desde la cual caen las obras, prioritarias o no; los conciertos, bailes y la pirotecnia; los subsidios para todos. No solo eso. Sin amilanarse confronta, arremete, hasta contra los organismos de control. Para él, el Concejo Cantonal no es más que un muchacho que debe obedecer todo.

El problema es con quién o con quiénes enfrentarlo en las urnas. Ningún movimiento ni partido se ha visto como opositor nato a la gestión de Zamora. ¿Por dónde andan?

Sus críticos, que son pocos, están por fuera de ellos, de esos pequeños clubes cuyos colores, slogans, números y nombres, únicamente son desempolvados durante la campaña electoral.

Por allí uno que otro “activista” dice algo en redes sociales. O si algún profesional, preocupado por lo que pasa en la ciudad, de la ciudad que parece desbordarse de su esencia primigenia, expone su punto de vista crítico, no pasa de ser leído o escuchado dentro de su círculo. No tiene, como antaño, eco en los medios de comunicación para promover el debate. ¿Aún hay esos medios?
Zamora no tiene una real oposición política estructurada, sólida, producto del análisis que de los problemas de Cuenca debe hacerse al interior de partidos y movimientos. Tampoco de otros sectores representativos, excepto uno que otro chascarrillo.

La falta de líderes en Cuenca, como ocurre en el resto del país, es “seriamente serio”. A última hora querrán encontrar a alguien a fin de candidatizarle para alcalde; a algún “careconocido”; pensarán en alguien con pinta de outisder; o para cumplir la ley, a alguien mientras toma agua de pítimas.

Zamora sabe que tiene un punto a su favor: la segura proliferación de candidatos a sucederle; y acaso hasta los promueva.
Así como en 2023, él apostará a lograr otro pírrico 18,5 % de total de votos válidos, suficiente para seguir mandando en Cuenca.  (O)

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio
Últimas Noticias