Mujeres y resiliencia: cuando resistir no es emancipar

Reducir la resiliencia a un “atributo femenino” o a una virtud de las valientes es una trampa discursiva. No se trata de que las mujeres resistan más, sino de que no tengan que resistir tanto. En esa diferencia se juega el sentido de una resiliencia consciente, colectiva y verdaderamente transformadora.

En el discurso publicitario y motivacional contemporáneo, la resiliencia femenina se ha convertido en un recurso retórico rentable que despolitiza las experiencias de las mujeres; narrativas emocionalmente atractivas desplazan la atención desde las condiciones estructurales de la desigualdad hacia la responsabilidad individual de “salir adelante”. Este giro no es inocente: normaliza contextos no elegidos y glorifica una imagen de mujeres fuertes, perseverantes e inagotables.

La comunicación legitima lo existente: conmueve y circula, pero silencia las desigualdades que producen violencia, precariedad y exclusión. No se interpela al poder, se administra la emoción; el sufrimiento se vuelve relato inspiracional y, como efecto, el conflicto social se diluye

Cuando la resiliencia se exige como virtud, se refuerza un modelo de mujer funcional a la precariedad: se adapta, agradece y continúa; no se busca transformar la realidad, sino ordenarla simbólicamente. La verdadera fortaleza no está solo en resistir, sino en reconocer límites, exigir condiciones dignas y reclamar justicia. 

Una resiliencia que no cuestiona las estructuras que obligan a resistir no emancipa: administra la desigualdad. Y así, la resistencia deja de ser respuesta a la injusticia y pasa a ser una expectativa permanente. (O)

Mgtr. Vivianna Bernal

Mgtr. Vivianna Bernal

Servidora de carrera y profesional en temas de género, violencia y seguridad ciudadana. Realiza asesoría a través de su marca personal “Soy Violeta”.
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