Ecuador no tiene pocos médicos. Tiene un sistema que no logra absorberlos, distribuirlos, ni especializarlos, en un contexto en el que formarse como especialista puede costar hasta 50.000 dólares sin sueldo ni beca durante cuatro o cinco años.
Las cifras oficiales, junto con análisis académicos y opiniones de gremios y jóvenes profesionales, coinciden en que, mientras el país supera el estándar internacional de médicos, enfrenta un déficit de especialistas, escasez de plazas laborales, saturación hospitalaria y migración de profesionales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una tasa de 23 médicos por cada 10.000 habitantes para garantizar una atención adecuada.
Sin embargo, el informe La Oferta y la Demanda de Médicos en el Ecuador 2016-2030, levantado por el catedrático Enrique Hidrobo en 2024, señala que hay una tasa de 40 galenos por cada 10.000 habitantes.
Las proyecciones indican que para 2030 la tasa alcanzará 59,1, casi el triple de lo recomendado.
Bernardo Vega, exdecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cuenca y especialista en Ginecología y Obstetricia, explica que en las zonas urbanas la concentración supera los 30 médicos por cada 10.000 habitantes, lo que conduce al desempleo y precarización laboral.
«En cambio, en las zonas rurales, a veces llega a dos o tres médicos, es decir, la distribución no es equitativa. En las zonas alejadas, el número de profesionales es inferior al necesario para que el sistema funcione de manera adecuada”, agregó.
Se calcula que cada año se gradúan unos 3.000 médicos generales en el país.
En Cuenca, cuatro universidades forman profesionales en Medicina. Pero la expansión de la oferta académica no ha ido de la mano con la creación de plazas laborales.
Vega sostiene que no existe un control estricto del número de profesionales que se forman en función de los requerimientos del país.
«En la Universidad de Cuenca se abren alrededor de 200 cupos por año en Medicina y esto deja a miles de personas fuera. Cada vez más universidades ofertan el área de la salud, pero se ha perdido de vista la empleabilidad que tienen los médicos generales«, aseguró Vega.
Especializarse puede costar hasta 50.000 dólares
La medicina moderna exige especialistas. Sin embargo, acceder a un posgrado es cada vez más difícil.
En Cuenca, los principales hospitales docentes —el «Vicente Corral Moscoso» y el «José Carrasco Arteaga» del IESS— ofrecen entre tres y seis cupos por especialidad al año, es decir, entre 40 a 60 cupos, frente a una demanda que se cuenta por centenas.
A esto se suma el factor económico. Los médicos residentes no reciben sueldo ni beca y los posgrados pueden costar entre 40.000 y 50.000 dólares por los cuatro o cinco años de formación, incluso en universidades públicas.
“Esto limita el acceso. Por eso muchos médicos optan por especializarse en el extranjero y muchos no regresan. Hay una fuga de cerebros”, añade Vega.
España, Chile, Argentina, México y Brasil figuran entre los destinos más frecuentes para la formación de posgrado de médicos ecuatorianos.
Brecha
De acuerdo con el INEC, en 2020 Ecuador contaban con 40.587 médicos, pero solo 19.983 especialistas.
Santiago Carrasco, presidente de la Federación Médica Ecuatoriana, indicó que el país enfrenta escasez de especialistas en Medicina Interna, Pediatría, Cirugía General y Ginecología y Obstetricia.
Las proyecciones indican que para 2030 el país necesitará 49.109 especialistas, una meta que parece inalcanzable al ritmo actual.
La Agencia de Aseguramiento de la Calidad de los Servicios de Salud (ACESS) confirma que la brecha persiste. En 2025 se emitieron 22.821 títulos en carreras médicas, el 72 % correspondió a médicos generales y el 24 % a especialidades.
Mientras la formación médica se expande, la red pública de salud avanza con lentitud. Un estudio realizado por docentes universitarios revela que, en los últimos 20 años, los servicios públicos de salud crecieron apenas un 1,4 %, frente a un crecimiento cercano al 4 % anual del sector privado.
El Hospital «José Carrasco Arteaga«, diseñado a inicios de los años 2000 para una Cuenca de medio millón de habitantes, hoy atiende a una población mayor, con una estructura y un número de especialistas similares a los de hace dos décadas.
El resultado son listas de espera, saturación de consultas y derivaciones que no se resuelven a tiempo.
Precarización laboral, panorama desalentador
Para los médicos recién graduados, el panorama es desalentador. Carlos Salgado, médico general cuencano de 29 años, relata que tras concluir su año de salud rural enfrentó meses de desempleo.
“Puse carpetas en clínicas, hospitales y plataformas del Gobierno, pero no encontré trabajo. O será que uno necesita ser apadrinado para ingresar a un trabajo que pueda brindar estabilidad económica y laboral”, señaló.
Actualmente ejerce de forma independiente en un consultorio privado. Su objetivo es especializarse en pediatría, pero el costo lo frena. “Sin empleo, es casi imposible solventar una especialización, ya sea en el país o fuera del Ecuador”, asegura.
Señala que en países como Argentina las especialidades resultan más accesibles y que varios colegas, quienes logran cubrir los gastos de viaje, nacionalización, apostillado y revalidación de títulos, optan por emigrar para formarse.
En muchos casos, advierte, esos médicos no regresan y el país termina perdiendo profesionales que ya fueron formados.
La sobreoferta de médicos generales también impacta en las condiciones laborales. Turnos extensos, pagos atrasados, contratos verbales, facturación sin beneficios de ley y sueldos básicos para jornadas extenuantes son parte de una realidad frecuente, sobre todo en el sector privado.
“Son muchos años de estudio que no se compensan”, lamenta Salgado.
¿Quién debe actuar?
Los expertos apuntan a una responsabilidad compartida. El Ministerio de Salud Pública, la Senescyt, el Consejo de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CACES) y las universidades deben sincerar cifras, planificar la formación y alinear la oferta académica con las necesidades del país.
“El ingreso a los posgrados debería realizarse mediante un examen nacional, como ocurre en México o España. Así, el médico tendría la posibilidad de postular a varias opciones en distintos hospitales y universidades en el país”, planteó Vega.
Entre las propuestas también figura la ampliación de plazas estatales en zonas rurales y la diversificación de especialidades.
Sin esos cambios, advierten los especialistas, el país seguirá atrapado entre la sobreoferta de médicos generales, el déficit de especialistas y la pérdida de profesionales hacia el exterior. (I)
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