Revisen sus datos personales, amigos de El Mercurio. Pienso que para la década 2030/2040, mi residencia estará allende lo perecible, dentro del cielo prometido; pero, buena parte de ustedes aún seguirá apegada a los deleites de acá abajo, a sabiendas de sus sinsabores y caducidad. ¿Para qué este preámbulo inusual? Quiero compartir con ustedes algunas inquietudes.
Los ecuatorianos hemos comenzado a tener conductas y costumbres muy alejadas de aquellas que nos fueron transmitidas por nuestros padres y la sociedad ancestral. Los patrones de conducta han variado de tal forma que hoy empiezan a ser comunes y hasta normales comportamientos que antaño eran reprochables.
La formación humana, en mis primeros años de vida, en mi familia, en mi pueblo y en mi provincia, fueron similares para todos: los padres eran responsables de la formación de sus hijos. Los hogares eran centros de formación. Un código moral y social era trasmitido por ósmosis a los infantes. Los abuelos eran garantes de las tradiciones y costumbres sociales.
Las escuelas y colegios eran centros en los que se continuaba la formación humana. Tanto la educación privada como la pública perseguían los mismos objetivos. La consecuencia era obvia: la sociedad se nutría anualmente de jóvenes deseosos de conocer el mundo, la riqueza de la naturaleza y todo esto en racimo: hombres y mujeres, cristianos o no, todos terminaban siendo gente de bien con aspiraciones nobles. Hoy vivimos una debacle. Ejemplos sobran. Los noticieros son parte activa del desmoronamiento de valores de nuestra sociedad. El dinero maneja tribunales; la complicidad acomoda conciencias y regula actuaciones. Los tribunales tienen su precio; los cargos públicos obedecen a patrones; los buenos son perseguidos, los malos visten elegantes. No pregunten por sus conciencias porque las enajenaron. Hoy existen equipos de sabios para camuflar desmanes. La vergüenza es la gran ausente.
Les invito a escuchar los programas noticiosos de la radio y televisión: se produce aquello que nos satisface, ingredientes activos que alimentan nuestra curiosidad morbosa. Las emisiones de pocas palabras y muchos conceptos … emigraron.
Los ecuatorianos nos hemos convertido en un pueblo sin Norte, sin Dios ni Patria. ¿Estamos desahuciados? No aún, a Dios gracias. Se espera, dentro del actual gobierno, la decisión de declarar al país en EMERGENCIA MORAL y seleccionar a los especialistas, que sí los hay, para trazar el derrotero de salvataje. (O)







