SOS por la salud pública

Cuanto ocurre en el campo de la salud pública raya en lo insólito. Grotesco, además.

Si bien la frase suena trillada, vale citarla: la salud se cae a pedazos.

Un gobierno que nació con los mejores augurios, con tiempo suficiente para “aprender”, en el cual la mayoría de ecuatorianos confío los destinos del país, parece considerar al sector de la salud, “como la última rueda del coche”.

No hay titular en el Ministerio de Salud Pública (MSP). Encargarlo a la vicepresidente de la República ha sido la peor decisión. Más allá del acto teatral protagonizado semanas atrás cuando increpó a una servidora de la salud en un hospital, no ha hecho más; o, a lo mucho, pedir que se haga un “análisis profundo” del problema, que es tan antiguo como la calamidad en los sanatorios públicos. 

Es inconcebible: han fracasado dos concursos públicos para comprar medicamentos e insumos médicos, incluyendo para los hospitales del IESS.

También fracasaron los convocados para adquirir un sistema informático para entregar citas médicas, otra de las peores lacras que padece la salud pública.

Los concursos se hicieron bajo la declaratoria de emergencia para darlos agilidad. ¿Valió la pena?

En estos días, noticiarios televisivos repitieron el drama: los enfermos madrugan para conseguir un turno de manera directa; a otros les posponen la atención médica, simplemente porque el galeno está de vacaciones; en otros casos les dicen que no hay especialistas; en tantos otros ni siquiera les responden. Súmese la falta de medicinas, hasta de guantes. 

No se entiende tanta apatía del gobierno. Durante su gestión no ha sido capaz de atinar con el nombramiento de un ministro de Salud, capaz, que enfrente a las mafias, con don de mando para tomar decisiones, sobre todo, que entienda que no se puede jugar con la salud de millones de ecuatorianos.

El régimen está llamado a zafarse de la molicie que le abate.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO