Lo primero. La institucionalidad no es una palabra. Tampoco una cuestión de distancias ni de lenguaje privilegiado. Cuidado. La institucionalidad es una garantía en sí misma para el orden y no para el abuso; para la coherencia y no para la sapada; para las reglas y no para los escondites.
Seamos serios. Lo que evita que una persona o un órgano sea obligado a hacer lo que no debe hacer es la institucionalidad. Lo que impide que se abuse de atribuciones o potestades es la institucionalidad. Lo que hace que existan competencias para unos y competencias para otros, sin invadir las que no se tienen, es la institucionalidad. Lo que habilita estabilidad y previsibilidad en la acción del Estado es la institucionalidad.
La institucionalidad permite reglas previas, límites, decisiones, procedimientos y sujeción al Derecho en todo. Funda el respeto. Pues lo que rebasa que una acción u omisión dependa del ánimo de un empleador, del buen genio del juez, de la buena predisposición de una persona o del mal genio recargado de alguien para decidir es la institucionalidad. Lo que entrega confianza en que el mal es castigado y los delitos sí son sancionados es la institucionalidad.
Lo que permite comprender que un medio de comunicación no será perseguido por su línea editorial es la institucionalidad. Lo que defiende la autonomía de las universidades es la institucionalidad. Lo que posibilita transformaciones, decisiones, planes y proyectos por ejecutar, y que no queden en un café de conversación, es la institucionalidad. Lo que hace que un gobernante —joven o viejo— no se embriague con el poder ni se convierta en déspota es la institucionalidad.
Mire. La institucionalidad es un entramado organizativo y normativo que estructura el funcionamiento del poder y orienta la actuación de los funcionarios y de los particulares con base en reglas preestablecidas cuyo cumplimiento está sujeto a control. Implica pasar del ánimo, desánimo, afecto o desafecto de una persona —que puede ser gobernante u ostentador de alguna parcela de poder— al cumplimiento del ordenamiento jurídico. La institucionalidad es una idea fuerza. Permite que el Estado y sus órganos existan y funcionen más allá de las intenciones de sus titulares. Es una garantía para la libertad y la democracia. Repitamos: la institucionalidad es una garantía para la libertad y la democracia.
Ya basta de tanta deuda institucional en el Ecuador. (O)
@jchalco





