Despojo territorial y criminalización

La aprobación de la nueva Ley de Minería en Ecuador marca un punto de quiebre para los territorios, la democracia y la vida. Desde una visión socioambiental y ecofeminista, estas son cinco de las peores consecuencias que ya empezamos a enfrentar:

Profundización del despojo territorial: La ley prioriza la actividad minera sobre los derechos colectivos, facilitando la entrega de territorios campesinos e indígenas y debilitando la consulta previa, libre e informada.

Aceleración de la crisis hídrica: La minería metálica consume y contamina fuentes de agua en un país ya golpeado por sequías, afectando de forma directa la soberanía alimentaria y el trabajo de cuidado que sostienen principalmente las mujeres.

Aumento de la violencia y la criminalización: Donde entra la minería, crecen la militarización, la persecución a defensoras y defensores ambientales, y la violencia contra mujeres, niñas y comunidades que resisten.

Economía extractiva sin justicia social: Se refuerza un modelo que concentra ganancias en pocas manos, precariza el trabajo local y deja pasivos ambientales que pagan las comunidades.

Retroceso democrático y ético: Al debilitar controles ambientales y participación ciudadana, se normaliza sacrificar la vida por ingresos de corto plazo, ignorando alternativas económicas sostenibles.

Defender la vida, el agua y los territorios es responsabilidad histórica. Ecuador no necesita más minería; necesita justicia ambiental, cuidados y futuro. (O)

mi.cordero@sendas.org.ec

Lcda. María Isabel Cordero

Lcda. María Isabel Cordero