Con música, humor y empatía, el norteamericano lidera Compassion Kitchen, un proyecto que ayuda a quienes más lo necesitan.
Peter Dudar no se define como filántropo. “No me considero filántropo, solo soy un artista loco, pero contento”, dice entre risas. No obstante, su trabajo cotidiano en Cuenca revela una realidad distinta: lidera “Compassion Kitchen”, una iniciativa que consiste en entregar alimentos a personas en situación vulnerable.
El proyecto nació hace 8 años en Quito, comprando frutas a comerciantes indígenas para luego regalarlas a quienes vivían en la calle. “La comida es buena para la salud”, afirma.
Con el tiempo, la idea creció y se trasladó a Cuenca, donde hoy el impacto es tangible. Cada día, junto a su equipo, prepara más de 160 raciones de sánduches y guineos. Al mes, la cifra alcanza alrededor de 5.000 raciones. “Tengo 35 voluntarios que me ayudan a hacer los sánduches”, explica. Y aunque el trabajo es constante, lo describe con humor: “repartimos la comida ocho días por semana”.
Crecimiento
El crecimiento del proyecto también ha estado marcado por momentos difíciles. Durante la pandemia de 2020, el número de personas que acudían por alimentos aumentó considerablemente. Recuerda una jornada en la plaza San Francisco en la que la desesperación llevó a algunos a tomar los sánduches por la fuerza; “incluso me lastimaron las manos, pero no fue un problema, había suficiente para todos”, relata.
Más allá de la ayuda material, Dudar busca generar conexión. Habla inglés, español y algo de quichua, idioma que utiliza para dirigirse a quienes reciben la comida. “Yupaichani”, dice para agradecer, y “ñuca cujani shungua”, como una forma de expresar afecto.
Su identidad también escapa de lo convencional. Nacido en los Estados Unidos, responde con ironía cuando le preguntan de dónde es: “soy marciano”. Además de su labor social, es músico, toca piano y varios instrumentos de cuerda y viento, integrando el arte a su forma de relacionarse con la comunidad cuencana.
Solidaridad

La dinámica de Compassion Kitchen también se sostiene en pequeños gestos que fortalecen su continuidad. Más allá de la preparación y entrega de alimentos, la iniciativa ha logrado involucrar a voluntarios que, desde distintos espacios, aportan para que el proyecto se mantenga activo en el tiempo.
Entre esas formas de apoyo están las contribuciones económicas informales que permiten adquirir fruta e ingredientes para los sánduches. Este tipo de ayuda, aunque menos visible que la entrega directa, forma parte del engranaje que sostiene la iniciativa día a día en el centro de Cuenca.
El vínculo con la comunidad también se construye en la interacción cotidiana. Peter Dudar no solo reparte alimentos, sino que conversa, bromea y se acerca a las personas adultas mayores, madres y padres de familia, niños y niñas… generando un ambiente distinto alrededor de cada jornada. Esa actitud ha sido percibida por quienes lo observan en las calles, donde su presencia se asocia con cercanía y disposición.
Además, su capacidad de comunicarse en varios idiomas, incluyendo el uso básico de quichua, le permite relacionarse con personas de diferentes contextos. Esta característica no solo facilita la entrega, sino que aporta a un trato más directo y humano.
En ese contexto, el proyecto se mantiene no solo por la logística, sino por una red de relaciones que se activa de manera constante. La suma de aportes, interacciones y voluntades individuales ha permitido que la iniciativa continúe funcionando de forma sostenida, consolidándose como una presencia habitual en la vida cotidiana del centro de la ciudad. (I)
Un legado que inspira

Para quienes lo rodean, el impacto de Peter Dudar va más allá de la entrega de alimentos. David Zoerning, músico y amigo, asegura que Compassion Kitchen “ha marcado la diferencia en el centro de Cuenca durante muchos años” e incluso ha inspirado a otros a ir más allá de lo que creen posible.
Zoerning lo conoció en 2015, cuando Dudar interpretó música de The Beatles en un concierto en la Universidad del Azuay. Desde entonces han colaborado en eventos benéficos y proyectos sociales, incluyendo apoyo a víctimas del terremoto de Esmeraldas, en 2016, y a mujeres afectadas por la violencia de género. “Su legado es un espíritu de generosidad y apertura hacia todos”, señala.
Carolyn Kennedy, miembro de la Iglesia Episcopal del Ecuador, coincide en destacar su calidad humana. “Siempre que lo veo, se le ve feliz y contento de ayudar”, comenta. Destaca además que Dudar respeta la dignidad de las personas mientras entrega los alimentos y crea un ambiente cercano, incluso bromeando con las personas en situación de calle.
Kennedy subraya que su ejemplo ha motivado a otros a contribuir, “estoy segura de que cuando Peter ya no esté habrá mucha gente dispuesta a colaborar”, afirma. Y añade con convicción: “no dejaremos que el carrito de sánduches se quede vacío”. (I)
Datos:
- 5.000 raciones mensuales de alimentos entrega a personas en situación de calle en el Centro Histórico; cada ración incluye un sánduche y una fruta, generalmente guineo u orito.
- Durante la pandemia, la demanda creció y evidenció la necesidad y crisis en las calles; antes se repartían no más de 50 raciones al día y ahora la cifra supera las 160.
- Combina música, idiomas y cercanía para dignificar la ayuda social: Peter baila, toca sus instrumentos musicales, bromea y utiliza palabras y frases básicas en quichua al interactuar.












