La celebración del Día del Maestro, en lo personal, es un acontecimiento cargado de especial significación porque, el recuerdo de queridos maestros de primaria, secundaria, universidad y de la vida mismo, avivan sentimientos de gratitud y reconocimiento muy específicos, como el caso de Manuel M. Muñoz Cueva(el Chugo Muñoz) quien, guió una especial etapa de mi vida, como él mismo dice en la sentida dedicatoria de “Cuentos Morlacos” , fue “…el amigo y viejo amigo, que actuó como un abuelo para su(mi) primera juventud”.
Más allá de su magisterio formal en la “Luis Cordero” y “Benigno Malo”, sus cursos de quechua y de francés, de historia y literatura francesa y universal que ofrecía con frecuencia, su charla erudita y amena, tenía un especial sentido del humor, sutil sátira y fina sensibilidad para captar detalles, era cátedra permanente sobre cultura general y por afinidad según sus contertulios: los escritores el ELAN los jueves para leer sus últimos trabajos, hablar de poesía y literatura cuencana, ecuatoriana y universal; las reuniones del Directorio de la Casa de la Cultura; las visitas de maestros y nuevos creadores a leer, exponer trabajos y pedir criterios; las caminatas y excursiones, bastaba caminar a su lado escucharlo y aprender. ¿Qué libro está leyendo?, ¿qué materias tuvo hoy?, ¿que película vio? y venía su generosa recapitulación y ampliación temática. Y, desde luego, hablar de sus “Cuentos Morlacos”, sus personajes, conflictos y ambientes, tan cuencanos, que resumía la esencia del ser Morlaco y la Morlaquia como espacio vital.
Publicó pocos libros, lo bueno realmente poco, “Cuentos Morlacos”, “Otra vez la tierra morlaca”, “Una vida Morlaca” y traducciones al quechua de muchas obras. No buscó publicar todo lo que producía en poesía, relato, ensayo, crónica, biografías, periodismo, crítica literaria y de artes, traducciones al quechua porque dominaba este idioma y el francés cuando la “Ciudad luz” era “la Meca” para los intelectuales y estudiosos cuencanos y él preparaba a muchos de ellos sin importar la especialidad, era enciclopédico. Cuentan que, cuando un ilustre cuencano fue designado embajador en Lima, llevó como su secretario al “Chugo Muños” y ante el reproche ¿cómo has de llevar al socialista?, dicen que fue salomónico, – “para no llevar la Biblioteca”- (O).








