El hábito de la lectura en Ecuador sigue en niveles bajos.
Cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC) revelan esta realidad y dejan ver la falta de políticas para sostener un proyecto lector adecuado.
Los datos cobran sentido en el marco del Día Mundial de la Lectura, momento en el que se piensan en nuevas formas de encaminar a las nuevas generaciones hacia este hábito.
Datos de la Unesco revelan que cada año se publican mas de 2 millones de libros a escala mundial.
Esto se contrapone al promedio nacional en Ecuador que es de 1,5 libros leídos completos por persona al año.
En definitiva, en medio de la gran oferta global de libros, el país enfrenta un decrecimiento lector.
Dificultades de la lectura
Otro aspecto que dificulta el acceso a la lectura es el costo de los libros, que son muy altos, según organismos académicos nacionales.
Pero, existen otros problemas: no es solo buscar que los ciudadanos lean, es consolidar el hábito como práctica cultural sostenida, sostiene Diana Chango, docente de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) en ‘Power Skills’ y posgrados de Educación.
Dice que la lectura académica en el sistema educativo no necesariamente se traduce en una relación voluntaria con los libros.
Para la docente, estos datos no deben interpretarse solo como una limitación, sino como una oportunidad.
Para ella, el desafío no radica en la capacidad de lectura, sino en la construcción de una conexión más cercana y significativa con los libros.
Fomento de la lectura
Estar en entornos en los que la lectura es visible, sumado a la interacción con los libros y la diversificación de formatos, emergen como elementos clave para fomentar el interés.
El desafío es más complejo. Evaluaciones anteriores ya mostraban que cerca del 49 % de los estudiantes de 15 años no alcanza niveles mínimos de comprensión lectora, lo que limita su desempeño académico y su capacidad de análisis crítico.
Es más. Las cifras también revelan que cerca del 60 % de los estudiantes afirma que lee por obligación académica.
Esta tendencia sugiere que, si bien la lectura está presente en el sistema, aún no se consolida como una experiencia significativa o voluntaria.
A ello se suma una brecha entre zonas urbanas y rurales, donde el acceso a bibliotecas y recursos digitales continúa siendo desigual.
Según encuestas, más de la mitad de las personas que no leen lo atribuyen a factores como:
- Falta de motivación
- Falta de tiempo
Este escenario plantea un reto que va más allá del sistema educativo y se extiende hacia el entorno familiar y social.
Chango señala que el desafío actual consiste en replantear la forma en que se promueve la lectura, incorporando dinámicas que respondan a los intereses y hábitos de las nuevas generaciones.
Claro, en un momento en el que los dispositivos digitales forman parte de la vida cotidiana.
No todo es negativo, las cifras sobre lectura en Ecuador son una oportunidad para repensar el rol de la educación en la formación de ciudadanos críticos.
Transformar esta realidad implica no solo enseñar a leer, sino construir un vínculo genuino con la lectura como herramienta de desarrollo personal y social, finalizó. (I)
Más noticias:












