Todas las fronteras son iguales 

Por cosas del destino, de la familia y de ser hija de la migración terminé el fin de semana pasado en Nogales, Arizona. Creyendo que la frontera gringa nada tenía que ver con San Lorenzo o Huaquillas, me di de frente con la piedra. Las fronteras son, en cualquier lugar, la expresión más obscena del poder y del abuso.

Para quienes crecen en frontera, las líneas políticas nunca coinciden con la vida. Los mapas no entienden dónde vive tu abuela, en qué lado trabaja tu madre o dónde te enamoraste. Pero ahora un muro de concreto atraviesa un territorio que durante décadas se caminó sin permiso. Un muro que convierte en delito la memoria y en sospechoso al cuerpo latino.

En ese paisaje están también los centros de detención migratoria, donde niños son separados de sus familias y basta tener acento o piel morena para sentir miedo. Solo en 2025, más dé 5 mil ecuatorianos fueron detenidos intentando cruzar hacia Estados Unidos,2 mil fueron deportados a Guayaquil con grilletes. 

Y aun así el negocio nunca se detiene. Ni el muro, ni los drones, ni la militarización han frenado el tráfico irregular de personas ni las rutas del narcotráfico que atraviesan fronteras y puertos ecuatorianos.

Las fronteras aprietan siempre a quienes menos tienen. Pero también son territorios de resistencia, porque pese al miedo la gente sigue cruzando, trabajando y soñando del otro lado del muro. (O)

mí.cordero@sendas.org.ec

Lcda. María Isabel Cordero

Lcda. María Isabel Cordero