El potencial quiebre financiero del Fondo de Pensiones y el de Salud, dos de las vértebras claves de la columna que sostiene a IESS, ha sido advertido desde muchísimos años atrás.
Lo déficits son tan marcados, tan notorios, que nadie los puede soslayar, peor negar.
Llama la atención de que ni el Gobierno, ni el mismo IESS, u otras instancias, se interesen, pero en serio, en solucionar un problema que, a la vuelta de la esquina, puede estallar, dejando como damnificados a cientos de miles de afiliados, jubilados, pensionistas…
Los saldos ya casi en rojo de aquel par de Fondos abren un tremendo hueco financiero que, tal como lo advierten expertos, así el Estado pagara la millonaria deuda al IESS apenas cubriría una parte de ese foso.
Días atrás se informó que el Fondo de Pensiones entró en etapa crítica. En este año deberá desinvertir alrededor de $1.200 millones de sus reservas para pagar jubilaciones, con lo cual el riesgo se le vendrá encima en 2027.
Cada mes aumentan los jubilados, no así en la misma proporción quienes aportan. Tampoco mejora de manera sostenida el empleo como para contar con nuevos afiliados, mientras el índice de vida aumenta; la edad para jubilarse, como los aportes, son los mismos desde hace décadas, pero nadie osa reformarlos.
Se han planteado soluciones en base a la realidad: los problemas del IESS son estructurales. Apremian decisiones, no políticas ni coyunturales, sino dirigidas a sanar la herida.
Empero, las propuestas chocan con posiciones cerradas, hasta ideológicas, como si el Ecuador fuera el mismo de hace 10, 20, 30 o 40 años.
Contrario a lo que muchos creen, esos problemas no se solucionarán así el Estado pagare la deuda de un solo tajo, sino mediante reformas de fondo, duela a quien le duela; así inicialmente encrespen los ánimos.
Pero para el Gobierno, como que la situación financiera del IESS no está en su agenda. Y esto, claro que desespera.








