De vuelta a la normalidad

Ya sin la tensión, las apuestas, la ansiedad; sin la sensación de ser utilizados por la publicidad, ni el tedio por el “hydration break”; sin la anestesia que produce el gol o su ausencia; sin la animosidad que provoca determinada Selección, o uno o dos de sus miembros porque nos parecen “chanchos”, “pesados”, “alzados”; sin esa soquete ambición de que gane tal o cual porque nos ganó a la nuestra, que a la hora de la hora, no fue ni tal como lo pintaban, ni cual como lo vaticinaban, se vuelve a la normalidad. O sea, a la realidad.

Míster Trump seguirá persiguiendo a los migrantes. 

Nos daremos cuenta de que siguen los bombardeos rusos en Ucrania. Que aquel míster no sabe qué mismo quiere hacer en el Estrecho de Ormuz, o con el destino de Venezuela y de Cuba.

En nuestro patio, digamos mejor, en nuestro estadio, el chuchaqui dejado por el Mundial tanto a futboleros como a no futboleros, ojalá nos pase pronto para, con un poquito criticidad, abrir los ojos y ver, y no solo ver, sino actuar, lo que ocurre con la democracia; con las libertades que le son connaturales, como la libertad de prensa, a participar en igualdad de condiciones en las elecciones, sin atajos judiciales, sin cortapisas, sin el quítame de encima esos pesos pesados porque son un riesgo para mis ambiciones personalistas y hegemónicas.

La normalidad vuelve y nos despierta con que en los arcos de ese estadio siguen entrando las balas, las balas disparadas por los que juegan en el campeonato de la inseguridad; sacando por sus bandas la “diosa blanca”; la justicia goleando porque sus árbitros perdonan la tarjeta roja, le sacan amarilla a los inocentes; o, en el VAR, los referís, en casos de corrupción, declaran en offside a los que quieren investigar, a los que la denuncian, mientras aprueban goles hechos con la mano y hasta fauleando a patada limpia por quien se cree que es el único delantero; que para llenar un saquillo de goles tiene como asistentes a mayordomos disfrazados de todo, igual que hinchas bien pagados, la mayoría escondidos bajo el césped maloliente.

Ya en la normalidad, nos daremos cuenta de que en ese estadio se preparan unas elecciones, simbólicamente unas selecciones, para cuyos “onces” se buscan jugadores de toda laya: pelucones, faranduleros, chuchumecos, tragamonedas, fulanas que ya se venden, viejos verdes como los que aún huelen a macha mongólica.

Hasta ocurren cambios de camisetas, traspasos millonarios e intimidatorios; a otros se les aplica el “mata, mata” con antelación, mientras los giles no saben si comprar o no los cromos para llenar el álbum del ridículo.

Hasta vernos en Marruecos 2030. Ojalá.  (O)

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio