Desde el inicio de la humanidad el cambio ha estado presente allí donde miremos, en la naturaleza, el clima, en nuestros propios cuerpos que crecen, se desarrollan, envejecen y mueren. Muchas veces nos sorprende dejar el empleo, el antiguo hogar, separarnos de los hijos y amigos. Todo cuanto se vive se halla en constante evolución.
Pero al asociarnos al cambio obtenemos tantas satisfacciones. Cómo estar mejor preparados para hacer frente a los retos de la vida moderna. Enfrentar los cambios amerita revisar nuestros hábitos e introducir en ellos modificaciones.
Es menester reflexionar sobre los supremos valores humanos que engrandecen al hombre, que están ensombrecidos por la sociedad de consumo y materialista, que nos impide gozar de una vida plena. Gretchen Rubin alguna vez se preguntó qué era lo que más deseaba en la vida. Se dio cuenta que quería ser muy feliz, para llevar a cabo su deseo se propuso llevar un diario de gratitud, leía un poema de amor todos los días y celebraba cenas románticas regulares con su esposo.
El hogar debe ser un manantial de amor en donde se mezcle la alegría y la armonía, la paciencia y la dulzura, la bondad y la ternura, el sacrificio y la entrega, la paciencia y la pasión.
El hogar es el principio y fin de todo. El hogar, además, es nido porque en el nacen los hijos. Es nido porque en el crecen y se forman con amor. De él tienen que partir en el día en el que estén formados. “Tus hijos no son tus hijos /son hijos de la vida/ no viene a ti sino a través de ti/ puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos”.
Por todos los medios busquemos lo mejor de la vida teniendo presente que “el primer pensamiento de un hombre feliz, es que cuando se ve su existencia perturbada, es capaz de comenzar una nueva vida”. (O)









