Entendida como la adopción o la utilización de elementos de una cultura por parte de miembros de un estrato económico superior, surgió prácticamente en los años ´60 del siglo pasado y fue ampliamente visibilizada en la cultura hippie. En sus inicios se caracterizó por la introducción de formas de vida, creencias y espiritualidad, pero más que nada se apreció en la estética con estilos orientales tanto en el vestuario como en la música, convirtiéndose prácticamente, en su identidad. Desde el año 2.000 la apropiación cultural, se generalizó cuando los grandes diseñadores de la moda se inspiraron en culturas ancestrales para dar a sus prendas un toque novedoso, posiblemente como una opción, luego de haber explorado una infinidad de posibilidades creativas, estrategia que, si bien se enfocó en lo puramente estético, redundó en grandes beneficios mercantiles. Según los estudios de la cultura, esta apropiación cultural implica una dinámica de poder, donde una cultura dominante se apropia de elementos de una cultura originaria de ciertos lugares, sin un respeto al contexto cultural original, en ocasiones sin la intensión de causar daño, sin embargo, los resultados saltan a la vista. La mala interpretación del significado cultural de dichos elementos como símbolos, vestimenta, prácticas características de un patrimonio heredado de sus ancestros, que son sagrados para esos conglomerados, se difunden indiscriminadamente. En nuestro país desde hace casi veinte años, con fines estrictamente políticos, surgió esta apropiación cultural que, a la vista de expertos en la historia, no tiene ninguna base histórica ni antropológica. Es decir que, el poder político apeló a la apropiación cultural de rituales, vestimenta y costumbres, buscando un único beneficio, el suyo propio. (O)









