De intento he dejado pasar unos días para comentar sobre el último campeonato mundial de futbol, a no dudarlo, el evento masivo que mayor atención concita en el mundo, cada cuatro años, y que puede pasar, como en el último suceso, desde una “cálida” y “ruidosa” serenata propinada por un número importante de aficionados locales, al pie del hotel donde se alojaba una delegación visitante, y en la víspera de su crucial partido, hasta la intervención de un presidente de la república para que el comité disciplinario de la FIFA “condone” una tarjeta roja a uno de los jugadores estrella de la selección de su país.
El fútbol es un deporte de contacto personal, no cabe duda. Donde el hombro con hombro, la pierna fuerte, el choque con el contrario, son parte del espectáculo, como lo son también, el grado de entrega que los jugadores ponen en la cancha, su garra, el pundonor deportivo, el sudar la camiseta. De los comentarios que he escuchado, lamentablemente, parece como si determinadas selecciones hubieran confundido el hombro con hombro con el empujón aleve, la pierna fuerte con el puntapié violento y el choque limpio con el intento de causar daño al rival. Asimismo, la garra y la entrega han sido reemplazadas por la agresión y la violencia, y se han antepuesto los gestos, casi matoniles, a la valentía y el coraje deportivos.
Siempre he apostado en el futbol, y lo seguiré haciendo, en favor de la gambeta elegante, de la finta habilidosa, de la quingueada con picardía, del pase milimétrico, pero, y sobre todo, seguiré apostando, por la jugada limpia y por la buena intención como norma de cualquier competencia deportiva. Creemos que aquellos, dirigentes, entrenadores, jugadores, que están convencidos que para triunfar en una lid deportiva, hay que hacerlo a la brava, a puntapié limpio, engañando a los jueces y al público, poniendo cara de pocos amigos y con los puños crispados, mejor harían en dedicarse al box, a la lucha libre o a las artes marciales. Ojalá quienes toman las decisiones en este campo hayan aprendido las lecciones del último mundial y vuelvan sus ojos al ejemplo que tienen que dar a las futuras generaciones. (O)










