Qué tiempos aquellos cuando el Primer Grito de Independencia del Ecuador ocurrido, según algunos historiadores, el 10 de agosto de 1809, se celebraba con desfiles cívicos estudiantiles, se izaba la bandera nacional en todo el territorio, se organizaban actos culturales para recordar a los próceres, y hasta era la fecha escogida para que un presidente electo asuma su mando.
El “Viva el Ecuador” es escuchaba en todos los rincones del país. Los ecuatorianos de épocas preteridas tenían plena conciencia sobre esa efeméride patria. Sabían y entendían las luchas libradas por los próceres, sus nombres, las vicisitudes por las que pasaron; en fin, todo el camino recorrido hasta sellar la independencia.
Con el pasar de los años, con el cambio de época como dicen muchos, la celebración ha ido decayendo a tal extremo que ahora no se la asume como fiesta cívica sino como un feriado más de los tantos que hay por decreto ejecutivo.
Es posible que las generaciones actuales ni siquiera sepan qué se celebra este 10 de agosto. Si lo saben, la pasan por alto, porque prefieren la diversión, el descanso, o porque son “cosas de viejos”, de “viejos tiempos”.
Constituye parte de la crisis de valores que afecta a la sociedad ecuatoriana, un signo decadente de la memoria colectiva, síntomas de los cuales no se libra ni siquiera la clase política que, a lo mejor, tampoco conoce la importancia de la mentada celebración.
También podrían contribuir las diversas interpretaciones e investigaciones sobre los diversos sucesos históricos que, finalmente, desembocaron en la independencia definitiva respecto de España.
Lo cierto es que cualquier celebración cívica, el aniversario de independencia de una ciudad por ejemplo, se la “conmemora” con feriados, con conciertos musicales, con bailes populares.
Si coincide con un sábado o domingo, como en el presente caso, se la pasa para el siguiente día.









