La mayoría de la gente está pendiente de los asuntos de su diario vivir, que en muchos casos son más que suficientes para copar su atención y esfuerzos.
Los menos siguen las incidencias de la política electoral, tan desprestigiada por obra y gracia de los partidos y movimientos políticos y de los que aceptan la candidatura o buscan un vehículo de los mencionados para postularse.
De entre los pocos que se interesan por las elecciones seccionales, algunos dicen que ya saben cómo votarán: por alguien con experiencia, sin pasado político, que no haya brincado de tienda en tienda, que no tenga rabo de paja, que sea honesto, que le importe la ciudad o la provincia más que su apetito de poder o réditos, que sea líder y tenga equipo con el que trabajar, que no sea vanidoso ni chabacano, que tenga la solvencia moral para representarnos, que no reniegue de la política, que sea confiable, que sepa lo que tiene que hacer…
Esos pocos luego de escucharse, reculan y dicen: en realidad lo que sé es lo que quisiera encontrar en algún candidato, de ganita me hace pensar en estas cosas, ya me deprimí, porque de entre los que se perfilan se hace difícil encontrar los atributos señalados. (O)








