Analistas y fanáticos sectarios

No es novedad. Vivimos tiempos en los que las redes sociales han democratizado la posibilidad de opinar, pero también han convertido la opinión irresponsable en una peligrosa fuente de desinformación. Hoy, cualquiera puede presentarse como experto en política, economía o realidad social, aunque carezca de conocimientos, argumentos, experiencia o, peor aún, de respeto por la verdad.

Frente a esta realidad existen ANALISTAS SERIOS, personas que estudian los acontecimientos, contrastan fuentes, reconocen la complejidad de los problemas y procuran interpretar la realidad desde la honestidad intelectual y la ética. No necesariamente coinciden entre ellos, pero respetan los hechos, distinguen entre información y opinión y tienen la humildad de reconocer cuando pueden estar equivocados. Su propósito no es manipular, sino ayudar a comprender.

Muy diferente es el comportamiento de tantos FANÁTICOS SECTARIOS que abundan en las redes sociales. Hablan con una seguridad que no corresponde a sus conocimientos y convierten sus prejuicios en supuestas verdades. No buscan comprender la realidad, sino defender a toda costa a un grupo, partido, líder o ideología. Utilizan un lenguaje soez, grosero y vulgar. Seleccionan únicamente aquello que confirma sus creencias, descalifican a quien piensa diferente y, muchas veces, difunden rumores, medias verdades o falsedades sin preocuparse por las consecuencias. El problema se vuelve todavía más grave cuando esas opiniones encuentran una sociedad poco interesada en verificar lo que recibe. Una ciudadanía desinformada, indiferente o acostumbrada a creer cualquier mensaje que circula puede terminar confundiendo la mentira repetida con la verdad. Así, las redes sociales, que podrían ser extraordinarias herramientas de comunicación y educación, terminan alimentando polarización, intolerancia y manipulación. Díganme si esto no es verdad.

¿Qué podemos hacer? Primero, aprender a detenernos antes de compartir: verificar quién afirma algo, cuál es su fuente y qué evidencias presenta. Segundo, consultar diferentes perspectivas y no encerrarnos en comunidades digitales que solamente repiten aquello que queremos escuchar. Tercero, fortalecer la educación crítica y mediática desde la familia, la escuela y las instituciones. Y, sobre todo, recuperar el valor de la verdad, el diálogo respetuoso y la responsabilidad ciudadana. Una sociedad democrática necesita ciudadanos capaces de pensar, preguntar y contrastar. No necesitamos menos opiniones; necesitamos más criterio. Frente al ruido de los fanatismos, debemos recuperar la serenidad del análisis, la honestidad de los hechos y la responsabilidad de nuestras palabras.  Solo así podremos mirar la realidad sociopolítica con mayor nitidez y construir una sociedad menos manipulable, más consciente y verdaderamente libre. (O)

Padre Bolívar Jiménez

Padre Bolívar Jiménez

Sacerdote, 1981. Licenciado en Ciencias Religiosas, Diplomado en Derecho Canónico y Doctor en Derecho Civil. Vicario Episcopal y Vicario Judicial de la Arquidiócesis de Cuenca. Docente, Párroco de Cumbre.