El caso de persecución y campaña negativa en contra de la periodista Gisella Bayona vuelve a inquietar a la comunidad por la repetición de un patrón: señalar al adversario, extender la acusación hacia su familia y dejar que un ecosistema digital amplifique el relato. Esta vez conocemos además el resultado. “Señor presidente, usted ganó. Usted tiene el poder y los medios para implantar cualquier narrativa. Hoy elijo a mi familia”, dijo Bayona al anunciar que abandona el periodismo.
La solidaridad con Gissella Bayona o Hernán Higuera, periodista de Ecuavisa, deja de ser suficiente cuando los episodios comienzan a mostrar patrones. Fundamedios documentó 100 agresiones contra la libertad de expresión solamente durante el primer semestre de 2026 y atribuyó 46 de ellas a actores estatales. En el caso Bayona la secuencia está documentada: el 28 de agosto el presidente lanzó públicamente acusaciones contra una periodista sin nombrarla; pocas horas después plataformas afines al Gobierno identificaron a Gisella, a su esposo y a su empresa y comenzaron a difundir señalamientos. La verificadora Lupa Media encontró más de 1.300 publicaciones generadas por alrededor de 900 usuarios, con 76 mil interacciones y una audiencia potencial superior a dos millones. Encontró también algo más grave: capturas manipuladas de Fiscalía, información verdadera sacada de contexto y acusaciones que no pudieron demostrarse.
Plataformas como La Data forman parte de esa amplificación. Existen registros de pauta estatal destinada a este tipo de espacios. Los contratos de comunicación de la Presidencia alcanzan millones de dólares y planes de medios que son de conocimiento público han incluido a La Data entre sus destinatarios. Es decir, recursos públicos terminan financiando espacios que, paralelamente, participan en campañas de señalamiento contra ciudadanos y periodistas críticos al Gobierno. No hace falta llamarlos medios ni acusarlos de estar “cooptados”: basta revisar cómo circula el relato. La voz presidencial instala la acusación; plataformas alineadas la encuadran y amplifican; las redes hacen el resto.
No solo fue contra Bayona, semanas atrás Hernán Higuera dejó de investigar el caso Progen después de que las consecuencias alcanzaran a su esposa y a su hijo. Otros periodistas y medios han denunciado presiones, restricciones y campañas digitales. Reporteros Sin Fronteras acaba de colocar a Ecuador en el puesto 125 de 180 países en libertad de prensa: cayó 31 posiciones en apenas un año. Si un periodista deja de investigar, y otro abandona el oficio para proteger a su familia o cuando la crítica se responde desde el poder, quien pierde no es solamente el periodista. Pierde una democracia que necesita información, fiscalización y pluralismo para funcionar. (O)
@avilanieto




