El Niño, ya está

Imposible que el hombre quiera evitar los impactos de El Niño, el fenómeno climático que cada cierto tiempo se produce en el Pacífico desde hace cientos de milenios.

Por ventaja, si así se lo puede asumir, es que su presencia, su fuerza, su durabilidad, se pueden anticipar con algún margen de error.

Las evidencias científicas demuestran que el fenómeno natural ya está alterando las condiciones oceánicas.

Lo que el hombre sí puede hacer es prepararse para que los impactos sean lo menos desastrosos posibles.

Habrá, según informan organismos técnicos, inundaciones a causa de lluvias torrenciales. Esto afectará al agro; provocará evacuaciones obligadas de familias enteras y por centenares, y enfermedades asociadas al fenómeno.

Las vías serán, posiblemente, otro de los “blancos” de El Niño. La mayoría no está en buen estado, entre ellas las que administra el Ministerio de Infraestructura. Ni hablar de las que están a cargo de los gobiernos locales.

Meses atrás, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos exigió a las entidades seccionales presentar sus planes de contingencia. No todas lo han hecho, demostrando total irresponsabilidad.

El gobierno, con justa razón, declaró de prioridad nacional para enfrentar semejante embate de la naturaleza que, en otros años, dejó millonarias pérdidas económicas para el país.

La alerta roja está vigente. Todos los entes públicos, aun los privados, la misma población, deben trabajar juntos para que luego no tengan que lamentarse. 

La afectación, de acuerdo a los informes técnicos, también se sentirá porque en otras regiones del país habrá sequía.

En tales condiciones no habrá agua suficiente para las centrales hidroeléctricas. Sus consecuencias todos lo saben.

Es otra prueba más, durísima, por cierto, que la naturaleza impredecible le pone al país. A prepararse, no con palabras; sí, con hechos y trabajo asociativo, con dinero suficiente, sin corrupción.

REM

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REDACCION EL MERCURIO