La verdadera luz

La tierra en la que vivimos, está más afectada por el egoísmo, la codicia, el materialismo, la corrupción y la insolvencia moral, qué por cataclismos naturales, fenómenos del niño etc.

Más allá de la geografía destruida por los terremotos, las inundaciones. huracanes, violencia, terror etc. está, el mundo interior del ser humano, tan poco reconocido y sin el cual el hombre termina convirtiéndose en un lobo para él mismo y para sus semejantes.

Densas sombras de dolor, angustia y desesperanza, cubren un porcentaje nada despreciable de los más de ocho mil millones de personas habitantes de este convulsionado planeta. El hombre actual está inmerso y comprometido con los valores materiales y mentales; no así con los valores espirituales y morales.

El hombre de hoy se preocupa más del cuidado del cuerpo, desde que se forma en el seno materno, hasta el momento en que deja de existir. Vemos como ha elaborado una gigantesca infraestructura para su cuidado y ha puesto en último lugar a su espíritu.

LA VERDADERA LUZ en todo su esplendor se proyecta en nuestro interior para permitirnos descubrir lo más grande, lo más valioso, lo incomparable que existe entre nosotros: la espiritualidad.

Para poder soportar estoicamente las angustias de este mundo globalizado, urge que emprendamos un viaje hacia la luz; el camino es duro y difícil, debemos iniciar una larga ruta: no dejaremos de tropezar, de dar con los otros, de caer, de fatigarnos.

El tiempo y el lugar son estados espirituales, todo lo que se ve y todo lo que se oye es espiritual. Si cerramos los ojos, percibiremos todas las cosas a través de la profundidad de nuestro yo interior, veremos el mundo físico y celestial en su integridad.

Para que el corazón recupere su sensibilidad, aprendamos otra vez a observar las flores, establezcamos una buena y respetuosa relación con la naturaleza, los árboles, las rocas y los ríos, y bajo un cielo de libertad tendremos que empezar otra vez un diálogo con las estrellas.

Guiados por la luz de la gracia divina, emanada desde la antorcha de la libertad, la dignidad y el respeto a la madre tierra, se llevó a cabo el miércoles pasado, la marcha por el agua de Cuenca (denominada Quinto Río). El agua no se vende, se defiende, sin agua no hay vida.

Para rescatar nuestra verdadera identidad y nuestro espíritu, aprendamos el arte de danzar con la vida y la paz.  (O)

Dr. Hernán Abad

Dr. Hernán Abad

Médico Neumólogo, Postgrado Universidad de Chile. Socio fundador Academia Ecuatoriana de Literatura Moderna e Historia. Miembro activo del Club de Leones de Cuenca.