Marchas ciudadanas, quejas en los barrios, denuncias de robos y asaltos, incluyendo los perpetrados bajo la modalidad “dos en moto”, sectores donde se hace “justicia por mano propia”, son parte del diario vivir en Cuenca.
Que personas, sea a pie o en vehículo, al llegar a determinado sector sean asumidas como sospechosas, y que de inmediato se activen los chats de WhatsApp grupales para retenerlas, castigarlas, incendiar los automotores en los que se movilizan, refleja el alto grado de incertidumbre, de desconfianza, porque la inseguridad se afianza.
Cada vez son más las denuncias de que existen UPC, o desguarnecidas, o a medias, o donde hay vehículos policiales en mal estado.
Se exige más presencia policial, más operativos, ante el alquiler de viviendas para convertirlas en prostíbulos clandestinos, en almacenamientos de drogas o, simplemente, para hospedaje de delincuentes, que aparentan no serlo.
Abstraerse de esa situación sería ignorar lo que está ocurriendo en todo el cantón, en todo Azuay.
El Concejo Cantonal no da señales de retomar el proyecto de ordenanza para prohibir la modalidad “dos en moto”, salvo ciertas excepcionalidades.
Tampoco para normar el uso del suelo, lo que impide la labor de la Policía ante denuncias ciudadanas.
Frente tales preocupaciones, las autoridades “toman nota”, se reúnen, dicen que reforman planes de seguridad, o acuden a las estadísticas para decir que los delitos han disminuido, igual las muertes violentas, el microtráfico.
No es descabellado decir que cuando en otras ciudades se decreta el toque de queda, la delincuencia se repliega, migra a otras urbes, a las cuales también arriban los que huyen de sus rivales, los “desleales” con sus cabecillas, y un largo etcétera.
Y como la inseguridad es la principal preocupación ciudadana, los candidatos a la alcaldía, desde ya anuncian planes de seguridad.






