Aunque han transcurrido pocos días, el discurso de María Paz Jervis, hasta entonces presidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias y Producción (CIP), expuso las grietas políticas dentro de los gremios de la producción. Su defensa de la democracia, y las libertades, en especial la libertad de expresión, como asuntos estrechamente relacionados con la actividad empresarial abrió una discusión incómoda alrededor de la descripción de un sector empresarial con “miedo”, “desesperanza” y “resignación”. Cuatro días después Jervis dejó el cargo. La explicación institucional es que el gremio es apolítico y que las expresiones de Jervis fueron hechas a título personal.
El escenario que los gremios de la producción deben enfrentar no es sencillo. Desde el 29 de septiembre las empresas de mayor consumo eléctrico fueron notificadas con una desconexión programada de 48 horas, mientras otras industrias de mediano voltaje deben reducir su consumo un día a la semana. Eso significa producción detenida o mayores costos para quienes puedan sostener sistemas autónomos de energía. Y sobre el horizonte aparece un fenómeno de El Niño que la CEPAL advierte podría provocar, si alcanza una intensidad extrema, pérdidas acumuladas equivalentes al menos al 2% del PIB regional. Son asuntos suficientemente relevantes como para que los gremios empresariales tengan algo que decir. Y lo han hecho antes. Los gremios empresariales respaldaron las movilizaciones que acompañaron las crisis en gobiernos como el de Bucaram, Gutierrez. Marchas ante decisiones en el correísmo y pronunciamientos ante la crisis política con Lasso. Por eso el problema que deja el episodio Jervis no es si un gremio empresarial debe convertirse en actor político, sino si el silencio es opción ante decisiones gubernamentales que afectan la seguridad jurídica, las libertades, el costo de producir o las condiciones institucionales necesarias para invertir.
El discurso de Jervis evidenció la diferencia entre la vehemencia gremial de otros momentos y la reacción institucional provocada esta vez por una dirigente que pidió defender democracia y libertades. El silencio también comunica. Y cuando quienes históricamente han ejercido influencia sobre el poder deciden reducir su voz precisamente cuando enfrentan decisiones que afectan directamente a la producción, corresponde preguntarse qué cambió: si cambiaron los gremios, cambió su relación con el poder o cambió el costo de disentir. Jervis puso una palabra sobre esa discusión: miedo. (O)
@avilanieto






