Son tiempos en que muchos viven en piloto automático y actúan a partir de información no verificada. Aquí, resulta fácil confundir, manipular la realidad, la historia y la verdad.
Lo único que se transmite es desinformación, la misma que alimenta la idea de que el re-conocimiento fácil y rápido vale más que el conocimiento, el mérito y el respeto por la memoria.
Dicho esto, considero justo y necesario el reclamo de Felipe Vega de la Cuadra dentro del contexto a la condecoración post mortem a su abuelo el escritor guayaquileño José de la Cuadra Vargas, otorgado por la Asamblea Nacional el pasado 1 de octubre a un presunto descendiente.
Cuando se utiliza un nombre en vano y se pretende cambiar la historia, corresponde levantar la voz. Porque no se puede tapar el sol con un dedo ni relegar un legado al olvido.
La herencia de José de la Cuadra con su obra, “Los Sangurimas” como uno de sus grandes referentes, forma parte del patrimonio literario del Ecuador y de Latinoamérica. En ella permanece viva la memoria de nuestra costa ecuatoriana. Honrar ese legado exige primero conocerlo, respetarlo y transmitirlo con fidelidad a las nuevas generaciones.
Entregar un galardón sin haber investigado debería ser sancionado; porque: ¿Quién acepta un reconocimiento que no le corresponde? ¿Quién lo entrega sin conocer cabalmente lo que representa? ¿Y qué responsabilidad tienen quienes organizan esa decisión?
El homenaje al escritor José de la Cuadra es bien merecido, la forma como se lo presentó desvirtúa su sentido y deja más dudas que admiración. Una maniobra así no pasaría por alto, ni siquiera en Macondo.
Creo; que la familia de José de la Cuadra, merece una disculpa pública: de quienes organizaron este acto y de quien recibió indebidamente el reconocimiento mencionando.
Honrarlo por medio de sus descendientes verdaderos, sería un acto que trasciende el ego y el partidismo político: un gesto de reparación y respeto a la memoria Del Grupo de Guayaquil, y a uno de “los 5 como un puno”
Sería, incluso, un “acto psicomágico”, una forma simbólica de narrar la historia con la verdad y distinguir el aporte cultural del escritor hoy y siempre en manos de sus únicos descendientes, los nietos. (O)










