Todo emprendimiento comienza alguna vez en la nada: una necesidad, una intuición, un sueño que busca abrirse camino en la realidad. Pero entre imaginar y construir existe un largo territorio de sacrificios, donde solamente la perseverancia convierte una ilusión en historia.
Los 35 años de SODILIBRO despertó en mí recuerdos de la antigua Cuenca, cuando el libro era compañero inseparable de estudiantes, maestros y lectores. En aquellos años recorríamos librerías como Siglo XX, Continental, L.N.S., Ecuador, Evangelio, Politécnica… además de pequeños locales donde se compraban y vendían libros usados.
SODILIBRO no nació entre comodidades ni grandes estructuras. Antes de convertirse en empresa, conocí a quienes recorrían calles, iglesias y cantones ofreciendo libros; incluso los exhibían en las esquinas. Aquella imagen, aparentemente sencilla, encerraba una profunda filosofía: llevar el conocimiento allí donde estaba el lector.
Con el tiempo, aquella voluntad encontró organización empresarial en Luis Peralta y Vinicio Orellana, economistas que transformaron el esfuerzo inicial en una sociedad formal. Treinta y cinco años después, SODILIBRO se ha convertido en una referencia de la difusión del libro en Cuenca y la región.
Una librería no vende únicamente libros, vende la posibilidad de pensar. Ofrece preguntas, despierta curiosidades y abre puertas hacia mundos que desconocíamos. Es mucho más que un lugar donde se compran libros: es un espacio donde una ciudad conversa consigo misma, conserva su memoria y descubre nuevas maneras de mirar el mundo.
En una época dominada por la velocidad de las pantallas, defender el libro es defender también la memoria, la reflexión y la cultura. La tecnología puede transmitir información con extraordinaria rapidez; el libro, en cambio, nos obliga a detenernos, dialogar con el autor y conversar con nosotros mismos.
La Casa de la Cultura y la Municipalidad reconocieron su trayectoria. Pero, más allá de cualquier distinción institucional, existe otro reconocimiento, silencioso y más profundo: el de generaciones de lectores que encontraron allí conocimiento, imaginación y compañía. Patricio Zamora, Director de la CCE, bien señaló que una sociedad sin cultura es una sociedad vacía, a lo que hay que acotar que las culturas se construyes también desde esos lugares donde un libro espera a que alguien lo abra.
Congratulaciones a SODILIBRO y, de manera especial, a sus directivos-propietarios. Aquella pequeña semilla que un día fue apenas un sueño se ha convertido en un árbol firme y fecundo. Su historia demuestra que, cuando la perseverancia se abraza a una causa y el trabajo se sostiene en el tiempo, aquello que parecía nacer de la nada puede terminar convirtiéndose en todo. (O)






