Armando Sacta, El Mercurio y la historia de Cuenca

El Mercurio Cuenca

En un cuarto grande, los periódicos ocupaban las paredes de lado a lado. Formaban filas de dos metros de altura y rodeaban los cuatro costados de la habitación. Entre los ejemplares predominaban las ediciones de El Mercurio y otros diarios del país, recopilados durante décadas en una disposición que sorprendía a quienes entraban por primera vez.

“Era llamativo y sorprendente”, recuerda Armando Sacta Guamán, ambientalista y coleccionista de periódicos, al describir la hemeroteca que comenzó a construir en 1965 y que posteriormente donó a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay.

Armando Sacta Guamán y su pasión por coleccionar periódicos

Además de reunir periódicos completos, Sacta clasificó e inventarió recortes de los artículos que consideraba más importantes. Esta práctica le permitió conservar información relevante sin acumular indefinidamente todas las ediciones. En esas páginas quedó registrada buena parte de las transformaciones de Cuenca y de la vida de sus habitantes.

Su afición por la prensa escrita nació mucho antes de que comenzara a comprar periódicos por cuenta propia. Durante la guerra entre Ecuador y Perú, en la década de 1940, su padre, Aurelio Sacta Buestán, cumplía el servicio militar. Los domingos de franco compraba El Mercurio y lo llevaba al cuartel, donde conscriptos y oficiales se reunían para leer las noticias.

Después de licenciarse, Aurelio se estableció en Azogues y mantuvo la costumbre de comprar El Mercurio cada domingo. Armando tenía unos cinco años cuando empezó a interesarse por los periódicos. En la adolescencia, alrededor de los 15 años, decidió continuar la tradición familiar y comenzó a adquirir diarios todos los días.

Una hemeroteca que conserva décadas de historia de Cuenca


La hemeroteca de Sacta reunió periódicos de todo el país durante más de medio siglo. Considera a la prensa como un patrimonio cultural. Foto: El Mercurio

Con el paso del tiempo, Armando Sacta llegó a comprar hasta cuatro ejemplares diarios. Destinaba dos a recortar artículos y guardaba los otros dos completos. La tarea se prolongó durante décadas, hasta reunir miles de recortes y conformar un archivo documental de grandes dimensiones.

Actualmente, mantiene el hábito de comprar El Mercurio todos los días y archivar las publicaciones que considera relevantes. Su colección constituye un testimonio de los cambios sociales, culturales y urbanos que ha experimentado Cuenca a lo largo de los años.

Al revisar sus recortes, Sacta encuentra historias que conservan su vigencia. Recuerda, por ejemplo, una noticia de 1984 sobre estudiantes del colegio Antonio Ávila que limpiaban los alrededores de su institución. También vuelve sobre artículos relacionados con el patrimonio, la cultura y las transformaciones del paisaje cuencano.

Para él, cada publicación permite comprender cómo vivía la sociedad en distintas épocas y cuáles eran las preocupaciones de cada generación.

El Mercurio, un referente de educación y memoria colectiva

“El Mercurio es una especie de maestro público”, afirma Sacta. La frase resume su manera de entender el periodismo y el papel de la prensa en la sociedad.

Desde su perspectiva, un periódico no se limita a transmitir noticias. También contribuye a formar criterio, preservar la memoria colectiva y enriquecer la cultura de una comunidad. Por eso, conservar las publicaciones representa una manera de mantener vivo el registro de los acontecimientos y de las personas que han marcado la historia local.

Su relación con El Mercurio también está vinculada a la radio, que escuchaba antes de ir a la escuela. Recuerda las voces de Romeo Moscoso Moreira y Vicente Serrano Aguilar, quienes leían las noticias con una claridad que captaba su atención.

Años después, visitó las instalaciones de la calle Padre Aguirre, donde funcionaban la radio y la imprenta. Para entonces, el periódico ya formaba parte de su vida cotidiana.

El legado de Armando Sacta para las nuevas generaciones

Hoy, 22 de octubre, El Mercurio cumple 102 años. Sacta conserva dos ejemplares “intocados” de la edición de su centenario, que considera un testimonio del trabajo cultural acumulado durante años.

Su deseo es que las nuevas generaciones comprendan el valor de la lectura y de los documentos impresos como fuentes para conocer el pasado. Si pudiera dejar un mensaje a sus descendientes, sería sencillo: leer y guardar.

Quiere que su familia encuentre esos periódicos, los lea y descubra la historia que contienen. Para Armando Sacta Guamán, cada ejemplar conservado representa una parte de la memoria de Cuenca y una oportunidad para aprender de las generaciones anteriores.

“Yo veo que no he desperdiciado mi tiempo”, sentencia. (I)

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Diego Montalván

Diego Montalván

Editor general. Magíster en Comunicación Estratégica Digital, 21 años en medios impresos, especialista en edición periodística y autor de artículo científico en Media Education (Italia).