Las bibliotecas de Cuenca conservan colecciones históricas, ofrecen apoyo educativo y acercan la lectura a comunidades rurales.
Sin embargo, enfrentan el reto de ampliar el acceso a sus fondos y responder a los cambios en los hábitos de consulta.
El Día de las Bibliotecas se conmemora cada 24 de octubre para destacar la importancia de estos espacios en el acceso a los libros, la educación, la cultura y la conservación de documentos históricos.
Biblioteca Municipal Daniel Córdova Toral
Agustín Molina Arévalo, responsable de la Biblioteca Municipal Daniel Córdova Toral, considera que estos espacios permiten descubrir temas, alimentar la curiosidad y acompañar el aprendizaje.
La institución conserva alrededor de 44.334 documentos y registró 1.200 usuarios entre julio y septiembre de 2026.
Para ampliar el acceso a sus fondos, prevé iniciar en 2027 un proyecto de digitalización que priorizará la literatura cuencana y la hemeroteca.
“Si hubiera que definir una especialidad de esta biblioteca, sería la literatura cuencana: cuentos, novelas, ensayos y poemas. Es lo que más tenemos y lo que quisiera que se pueda digitalizar”, aseguró.
La consulta de los ejemplares requiere, sin embargo, pasar por recepción.
El usuario localiza el título en el repositorio digital, obtiene un código y solicita el libro al personal.
La modalidad de estantería abierta, que permitiría a los lectores recorrer los estantes y elegir directamente los ejemplares, enfrenta restricciones.
«Los libros ingresan como bienes municipales y tienen custodios responsables de su conservación. Este es uno de los retos administrativos que enfrentamos y que deben superar las bibliotecas públicas en todo el país, no solo en Cuenca», señala Molina.
Para la digitalización, la institución prevé adquirir un escáner y gestionar apoyos mediante autogestión y convenios con universidades.
Otro pendiente es la actualización de la hemeroteca, cuyo fondo de periódicos llega hasta 2022. Las dificultades para mantener los convenios de entrega de prensa y gestionar nuevas contrataciones interrumpieron la incorporación de ejemplares.
Casa de la Cultura prepara un cambio de modelo
La Biblioteca Manuel Muñoz Cueva, de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, dispone de alrededor de 55.000 libros, pero recibe entre cuatro y seis usuarios al día.
La institución analiza cambios para facilitar el acceso a la colección y ampliar las actividades que ofrece.
“Necesitamos reinventar el modelo de gestión de la biblioteca”, afirma Patricio Zamora, director provincial de la Casa de la Cultura.
Para el primer semestre de 2027, la entidad prevé definir una nueva modalidad de funcionamiento.
Entre las alternativas están mantener la biblioteca en el segundo piso del bloque B, trasladarla a la planta baja para facilitar el ingreso del público o convertirla en un café-libro, con estanterías abiertas y espacios de lectura donde también se pueda consumir café o vino.
Para Zamora, la circulación de libros y contenidos culturales debe responder a las características de cada público.
“Existe una deuda con la cultura, con nuestra identidad. Es necesario impulsar programas de circulación y difusión de contenidos adaptados a distintos grupos de edad y a las características de cada sector”, explica.
La Casa de la Cultura también trabaja en la organización de una hemeroteca en la segunda planta alta del bloque A. Con apoyo de la Universidad del Azuay, identificó más de 1.200 folios.
La catalogación registra un avance aproximado del 45 % y la entidad prevé inaugurar este espacio a comienzos de diciembre de 2026.
Red municipal con presencia rural
Creada en 2001, la red de bibliotecas municipales cuenta con 25 espacios: cuatro urbanos y 21 rurales, distribuidos en las parroquias rurales de Cuenca. Tarqui tiene dos bibliotecas.
Xavier Guamán, responsable de la red, calcula que en 2025 atendieron a unos 45.000 usuarios y que este año esperan llegar a 50.000.
“Las bibliotecas ofrecen acceso a internet, apoyo escolar, talleres culturales, actividades para adultos mayores y programas de lectura para niños. La red recibe entre 1.000 y 1.200 niños al mes”.
El programa Biblioteca al Aire Libre lleva libros y actividades de lectura a espacios públicos. Entre sus propuestas están los encuentros en parques, los picnics literarios y los círculos de lectura, que permiten compartir comentarios sobre cuentos o poemas sin necesidad de leer una obra completa.
El objetivo es acercar las colecciones a quienes no acuden habitualmente a una biblioteca y convertir estos espacios en lugares de encuentro entre generaciones.
BiblioAzuay, biblioteca infantil itinerante
El acceso a la lectura también depende de las condiciones de cada comunidad.
Desde 2019, BiblioAzuay, la biblioteca itinerante de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, recorre sectores rurales con libros, préstamos y actividades de mediación lectora.
El programa ha llegado a cerca de 40.000 niños de entre 7 y 12 años y cuenta con alrededor de 14.000 libros infantiles y otros títulos.
Marily Román Rebolledo, coordinadora de BiblioAzuay, explica que los préstamos se realizan durante las visitas y que cada libro puede permanecer hasta 15 días en manos del lector.
Si el niño necesita más tiempo para terminarlo, puede conservar el mismo ejemplar hasta el siguiente recorrido.
“En sectores sin conexión telefónica ni internet, el préstamo se organiza directamente durante las visitas. Entre los lectores de 9 a 11 años tienen demanda las novelas y sagas, cuyos siguientes volúmenes suelen pedir en visitas posteriores”, indicó.
BiblioAzuay ha llegado a los 15 cantones del Azuay, con actividades en lugares como Checa, Sinincay, Chiquintad, Octavio Cordero Palacios, Baños y Sidcay, en Cuenca; Luis Cordero Vega, en Gualaceo; y las comunidades de Tañiloma, en Tarqui, y Susudel, en el cantón Oña.
El desafío de abrir las colecciones
Paola Merchán, coordinadora del sistema de bibliotecas de la Universidad del Azuay, considera que la principal dificultad no es la falta de fondos bibliográficos, sino el aprovechamiento de los recursos existentes.
La biblioteca Hernán Malo, con unos 23.000 libros físicos, permite el ingreso del público general y ofrece servicios digitales y espacios de consulta.
Merchán defiende el modelo de estantería abierta, que permite a los usuarios recorrer los estantes y escoger directamente los libros.
“La decisión de adoptar este sistema depende principalmente de las autoridades de cada institución y de la reorganización de los servicios”, aseguró.
El acompañamiento durante la investigación constituye otro elemento que las bibliotecas pueden ofrecer frente a la consulta digital.
La búsqueda en internet y las herramientas de inteligencia artificial facilitan la obtención rápida de respuestas, pero el trabajo bibliotecario puede orientar al usuario en la selección de fuentes, la exploración de otros temas y la comprensión de la información. (I)
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