Una revisión publicada en Current Opinion in Psychology por Claire Robertson, Kareena del Rosario y Jay Van Bavel explica cómo las redes sociales pueden funcionar como esos espejos que deforman lo que reflejan.
Distintos estudios muestran cuánto pueden pesar unas pocas voces. En un análisis de Reddit, cerca del 3 % de las cuentas activas había publicado al menos un comentario gravemente tóxico, y esas mismas cuentas generaban un tercio de todos los comentarios, tóxicos o no. Otro estudio de esa plataforma encontró que menos del 1 % de las comunidades iniciaba el 74 % de los conflictos entre comunidades identificados. Y, en Twitter durante las elecciones estadounidenses de 2016, el 0,1 % de los usuarios analizados había compartido casi el 80 % de fuentes de noticias falsas.
Esta distorsión puede alimentar la “ignorancia pluralista”, es decir, creer que los demás aceptan algo que muchos rechazan en privado. Cuando lo más visible es lo ruidoso, lo provocador o lo extremo, podemos confundir esa visibilidad con una opinión mayoritaria. Los algoritmos que priorizan la interacción pueden amplificar ese efecto ya que la indignación genera muchas reacciones.
El resultado puede ser una percepción colectiva torcida, que nos hace creer que los demás son más radicales de lo que son. Esa creencia puede desalentar las opiniones moderadas, exagerar la polarización que percibimos y alimentar una hostilidad con consecuencias reales.
Lo que vemos en redes sociales no es necesariamente un retrato fiel de la realidad. Es el reflejo de un espejo deformante, en el que los incentivos para captar nuestra atención pueden amplificar los extremos, mientras la mayoría silenciosa sigue ahí, siendo razonablemente humana, sin hacer demasiado ruido. (O)
@ceciliaugalde









