La historia comienza siempre igual: con un acto de amor donde el padre enseña al hijo el viejo arte guardado en la artesanía popular, el oficio transmitido de generación en generación, en esos talleres familiares llamados a convertirse en los orfebres de nuestra memoria. Cuenca, la bella Cuenca, ha sabido desde siempre convertirse en tutora y protectora de esas historias tejidas en cada hilo y forjadas en cada metal. Un faro para el artesano, donde sus creaciones son valoradas en su justa medida, lo que le ha valido el título de capital artesanal de América Latina. Y esta capital tiene embajadores…
La historia que quiero contar comienza en noviembre de 1986: en una esquina de la Gran Colombia, el tío Lucho, la tía María Elena y la tía Anita encendieron una candela en un pequeño local bautizado con la fe y el vuelo del tucán del Cajas. No empezaban de cero: llevaban en las manos el hilo invisible de la abuela que les enseñó el arte del bordado. Luego, a fuerza de constancia, levantaron en cuatro décadas un refugio donde la memoria artesanal del Ecuador se honra como patrimonio vivo y le planta cara a esta sociedad inundada de barajitas.
A lo largo de este tiempo, El Tucán tejió su historia junto al barro y al telar, enseñándole al diseño contemporáneo a dialogar con el saber ancestral. Ni la prisa de la máquina ni el zarpazo helado de la pandemia pudieron apagar la luz en la casa. Hoy, a las puertas de cumplir sus cuarenta años, permanece intacta la vocación de rescatar el oficio de crear la belleza.
Y es que apostarle a la artesanía tiene algo de noble y de bohemio. Una mueca carnavalesca en el mundo cuadriculado de la producción a escala. Es levantar un estandarte ante la avalancha. De alguna manera, la artesanía es una forma de resistencia. Porque comprendemos que sin estos maestros tanto se perdería. Son ellos quienes tejen el lienzo de la cultura, forjan la identidad y mantienen viva la historia con sus manos diestras, cálidas, eternas. Ellos son los verdaderos artistas del pueblo, los guardianes apostados a las puertas de nuestra tradición… (O)
@andresugaldev





