¿Pero qué es? Custodiar es una acción que impide la omisión. Que convoca a imaginar y actuar. Es la urgencia por diagnosticar, pensar, innovar y defender. Que no puede hacerse desde la inacción o la ausencia de sentido, misión o razón. Si se quiere, custodiar es un acto de responsabilidad. De propósito. De vigilancia.
La gestión y custodia de principios y valores eleva el sentido de la vida y de las organizaciones humanas. De lo comunitario. Implica la reinvención mediante estrategias que habiliten que lo sustantivo —que no es parte de la temporada que a veces confunde— se mantenga, se gestione, se reinvente y se cuide desde mínimos (al menos). Desde una base que no entiende de caminos, sino de fines. De metas. De destinos.
La autonomía universitaria es un valor y una estructura fundamental para la comunidad universitaria. Que rebasa el discurso. Es la comprensión de que la única forma —racional— de cumplir su actividad misional se emprende y ejerce desde condiciones exógenas y endógenas que la posibiliten, que hagan que cumpla su razón de ser en la sociedad para legitimarse y transformar la realidad, acompañando el futuro deseable para la sociedad. Que implique servir con procesos educativos serios y vinculados. Que entiendan de su trayectoria y futuro. Para enseñar, investigar, observar, incidir, analizar, cuestionar y servir como su sentido misional y social.
La hipernormatividad (regulación sobre regulación), la carencia de una mirada de confianza en el sistema de educación superior y sus comunidades, y la falta de oxígeno en el reporte del reporte son peripecias que pueden entrañar un riesgo: anular la capacidad propia de las instituciones de educación para fortalecer su calidad, su foco de investigación, su gestión administrativa y su sentido de formación en libertad. Custodiar la autonomía universitaria es una tarea que convoca a una sociedad democrática o que, al menos, cree en la democracia. (O)
@jchalco




