La magia oscura de la muerte desvanece, con el destello de un infarto, la vitalidad de los colores encendidos en sus vívidas acuarelas, en la emoción de los paisajes de su ciudad que, como artista, capturaba con su alma. Y ahora su partida nos ensombrece el recuerdo a todos los que le vivimos de una u otra manera. (F. Andrade)
Cuando un ser querido se va de esta vida terrenal y tenemos la certeza de que nunca más lo escucharemos ni sentiremos su abrazo, las palabras se atoran en el mismo nudo en el que se atoran las lágrimas. Por eso, empiezo esta nota con las palabras prestadas de Fernando Andrade ante la muerte de Guido Álvarez Serrano: el arquitecto, profesor, acuarelista, pero, sobre todo, el papá amoroso, el tío de mirada risueña, el compadre siempre dispuesto, el amigo presente.
Sin duda, nos deja un legado enorme. Como dice su nieto, acuarelas para inundar la ciudad entera, tantas y tan hermosas que nos faltará tiempo para contemplarlas. En ellas, cielos surreales, arupos florecidos, ríos corriendo… Su espíritu está en cada gota de color que hizo fluir sobre el papel.
El mundo pierde un ser coherente, disciplinado, ético y justo, como deberíamos ser todos los humanos que por aquí pasamos. Nos hará falta querido Guido, pero pierda cuidado, sigue en los seres maravillosos que vinieron de usted y en cada acuarela que vea. (O)
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