Más de 220.000 personas viven hoy en el territorio periurbano de Cuenca, una franja donde conviven dinámicas rurales y urbanas y que en las últimas dos décadas se ha convertido en el principal espacio de expansión de la ciudad.
Así lo señala la investigación “Transformaciones en el uso y ocupación del suelo en el periurbano de la ciudad de Cuenca en las primeras décadas del siglo XXI. Políticas para su ordenación territorial”, desarrollada por el Vicerrectorado de la Universidad de Cuenca.
El estudio, dirigido por la investigadora Mónica González Llanos y codirigido por Ximena Salazar Guamán, analiza cómo este crecimiento está transformando el territorio y plantea políticas públicas para ordenar su desarrollo.
En el proyecto también participaron los investigadores Jaime Bojorque, Fernando Pauta, María Cristina Chuquiguanga y Jaime Guerra.
“Una nueva ciudad” fuera de la ciudad
El periurbano cuencano no es estrictamente urbano ni rural. Es un territorio híbrido donde conviven viviendas, actividades agrícolas, industrias, servicios y zonas recreativas.
Para el investigador Fernando Pauta, el fenómeno no es reciente, pero se ha intensificado en el siglo XXI.
“Esta nueva forma espacial tuvo su origen en los años 70 del siglo pasado, cuando Cuenca empezó a crecer fuera de su límite legalmente establecido. Pero en lo que va del presente siglo este proceso ha tomado mucha más fuerza”, explica.
El estudio estima que el territorio periurbano supera las 20.000 hectáreas, de las cuales alrededor de 15.000 corresponden al periurbano inmediato, donde se ha configurado, lo que los investigadores describen como otra ciudad, con un peso demográfico considerable si se compara con la ciudad formal.
En 2022, Cuenca tenía aproximadamente 360.000 habitantes, por lo que el periurbano concentra ya más de la mitad de esa población.
Territorio residencial
Uno de los principales hallazgos del estudio es la fuerte función residencial que ha adquirido el periurbano.
En estas zonas se han asentado familias de clase media que migraron desde la ciudad hacia urbanizaciones privadas y condominios, así como sectores populares que no encontraron vivienda accesible dentro del área urbana.
También han surgido proyectos inmobiliarios. Este proceso, sumado al encarecimiento del suelo en la ciudad y la presión turística, está redefiniendo el mapa urbano de Cuenca.
Para Pauta, este proceso genera tendencias de segregación socioespacial.
“Los pobres de la ciudad, al no encontrar posibilidades de habitar en ella, se trasladan al periurbano y configuran barrios. Esto empieza a mostrar segregación que no es convenientes para la ciudad”, señala.
Las transformaciones también están vinculadas con cambios en el Centro Histórico. El incremento de vivienda en alquiler para turistas y el aumento del precio del suelo provoca un desplazamiento de residentes.
Gentrificación
Actualmente existen más de 3.000 inmuebles ofertados en Airbnb en Cuenca. Este fenómeno se relaciona con procesos de gentrificación, es decir, la transformación de barrios tradicionales por el ingreso de poblaciones con mayor poder adquisitivo.
El investigador Pedro Jiménez Pacheco advierte que en Cuenca el mercado inmobiliario se ha convertido en uno de los principales motores económicos. En ese contexto, el espacio urbano deja de ser solo un lugar para vivir y se transforma en un activo financiero.
Jiménez utiliza la metáfora de la “ciudad hamburguesada” para describir el cambio cultural que acompaña estas transformaciones urbanas.
Según explica, una ciudad planificada históricamente como proyecto colectivo comienza a convertirse en un escenario de consumo turístico. “Ya no son los habitantes quienes se apropian del espacio, sino turistas y un modelo turístico institucional”, sostiene.
Planificar antes de que sea tarde
Los investigadores coinciden en que Cuenca está a tiempo de encauzar su crecimiento. El elemento central es la planificación territorial.
El investigador Fernando Pauta señala que durante décadas el periurbano quedó fuera de la planificación municipal, mientras que las juntas parroquiales tampoco contaban con competencias para intervenir en su ordenamiento.
“Parecería que todavía estamos a tiempo de que la planificación incida en la ordenación de este territorio. Si se deja para dentro de 10 o 20 años, será mucho más difícil”, advierte.
El proyecto propone diseñar políticas públicas específicas para ordenar el suelo periurbano, controlar el crecimiento desordenado y evitar mayores desigualdades territoriales. (I)
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