En el corazón de la ruralidad cuencana, la tradición se transmite de generación en generación. Así lo demuestran Paulina Gómez y su hija María Guadalupe Maldonado, quienes comparten no solo el vínculo familiar, sino también el orgullo de haber participado en el certamen de Cholita Cuencana, un espacio que celebra la identidad, la cultura y el trabajo de la mujer.
Paulina recuerda con emoción el año 2006, cuando fue elegida Cholita Cuencana y tuvo la oportunidad de representar a su parroquia. Para ella, vestir la pollera, la blusa bordada y el tradicional sombrero fue más que un acto simbólico: “Es como rendir un tributo a la mujer rural. Representa a todas aquellas mujeres trabajadoras que mantienen vivas nuestras tradiciones”, señala.
Dos décadas después, su hija María Guadalupe siguió sus pasos. Participó en el certamen a los 17 años, impulsada por el ejemplo de su madre y el apoyo de su familia. Desde niña acompañaba a Paulina en desfiles y actividades comunitarias, siempre vistiendo el traje tradicional.
“Ser parte de esta tradición es un orgullo. Las mujeres rurales somos guardianas de nuestra cultura y de nuestras raíces”, expresa la joven.
Para Paulina, la figura de la cholita cuencana simboliza fortaleza, trabajo y amor por la tierra. “En el campo, las mujeres no solo preservan las costumbres, sino que también sostienen a sus familias y contribuyen al desarrollo de la ciudad”, afirma. (XPA)












