Han recibido partos durante horas —a veces días—, han caminado largas distancias para atender emergencias y han resuelto complicaciones sin más herramientas que sus manos, su experiencia y el conocimiento heredado.
En comunidades donde el acceso a la salud ha sido históricamente limitado, las parteras y sanadoras acompañan nacimientos y sostienen la vida.
En el Encuentro Nacional de Parteras y Sanadoras, que se realiza en el Museo de Arte Moderno del 20 al 22 de marzo de 2026, esas prácticas ocupan el centro del debate público.
Mujeres de distintas regiones del país comparten saberes transmitidos de generación en generación que, pese a la falta de reconocimiento formal, sigue resolviendo situaciones críticas.
“Nosotros hemos salvado vidas”, afirmó Elisa Quiñones Cortez, partera de Borbón, en la provincia de Esmeraldas. A sus 64 años, calcula que ha atendido alrededor de 350 partos sin registrar muertes maternas ni neonatales.
Conocimientos heredados
Aprendió en casa guiada por sus abuelas Inocencia Angulo y Aurentina Delgado y se formó en la práctica.
“Cuando el niño viene de nalgas o de pie, es difícil, pero sabemos cómo acomodarlo”, explicó. En esos casos, considerados de riesgo, las parteras intervienen con maniobras que buscan evitar complicaciones. También enfrentan hemorragias, placenta previa o trabajos de parto que se extienden durante días.
Su labor no se limita al momento del nacimiento. Incluye diagnóstico, acompañamiento y tratamiento antes y después del parto, apoyado en el uso de plantas medicinales.
La atención se ajusta a la decisión de cada mujer.
“Les preguntamos en qué posición se sienten mejor: acostadas, sentadas, en cuclillas. Es un parto libre”, dice Quiñones, madre de 11 hijos, todos nacidos en casa sin complicaciones.
“Antes no había médicos ni transporte. La gente caminaba, y ahí estábamos nosotras”, señala.
Incluso hoy, con servicios formales disponibles, su labor continúa siendo importante en zonas alejadas.
Pandemia
Durante la pandemia de COVID-19, ese rol volvió a evidenciarse. Sin embargo, esa capacidad de respuesta no se traduce en condiciones dignas.
“Salvamos muchas vidas. Somos reconocidas, pero no remuneradas”, dijo. La falta de relevo generacional es una de las consecuencias. Aunque ha transmitido su conocimiento a su hija, ella no se dedica completamente al oficio.
Desde el ámbito institucional, Paolina Vercoutère Quinche, viceprefecta de Imbabura, sostiene que la partería forma parte de un sistema de salud no siempre reconocido.
“Es una ciencia que sostiene la vida todos los días. No es folclor”, afirmó.
Ese sistema se expresa en lo cotidiano, en el cuidado de la niñez, la alimentación, la atención de enfermedades y la defensa del territorio.
La experiencia de María Dolores Inuca, de Otavalo, confirma esa amplitud. Lleva 26 años en la práctica y aprendió de su abuela.
“No solo atendemos embarazos. También vemos otras enfermedades, hacemos diagnóstico y prevención”, explica María Dolores del proyecto Warmi Imbabura.
Entre sus herramientas están las plantas medicinales y técnicas tradicionales como el diagnóstico con cuy.
En el parto, su trabajo incluye acomodar al bebé cuando no está en posición adecuada y acompañar procesos prolongados.
“Hemos ayudado a muchas mujeres a evitar cesáreas”, señala.
Realiza el “baño del cinco”, que consiste en bañar a la parturienta con una infusión alrededor del quinto día después del parto, con una infusión de varias plantas medicinales —como manzanilla, ruda, romero o chilca— para cerrar la cadera, desinflamar y recuperar energías.
Las parteras coinciden en que su trabajo es una práctica vigente, que acompaña nacimientos y sosteniendo redes de cuidado donde el Estado no siempre llega. (PNH)-(I)
Documento colectivo
Para Jhoana Cruz, organizadora del evento, la reunión es también un espacio de resistencia. El objetivo no es solo visibilizar, sino incidir. Uno de los ejes del encuentro es la construcción de un documento colectivo que reúna las demandas de parteras y sanadoras a nivel nacional.
“Para nosotros es importante que de este encuentro salga un documento de política pública que sea elevado a distintas instancias de gobierno —desde lo parroquial hasta lo nacional— y que se traduzca en medidas concretas”, dijo Cruz durante la apertura que se realizó con una ceremonia de agradecimiento a los cuatro elementos de la naturaleza: fuego, aire, tierra y agua.
Entre los planteamientos están el reconocimiento formal de la partería y la sanación como parte del sistema de salud, la generación de espacios dignos para ejercer su trabajo y el cese de estigmatización. También, que estos saberes se incorporen en la academia sin reducirlos a objeto de estudio. Otro punto es el reconocimiento económico, al tratarse de un trabajo que sostiene la salud comunitaria, deben acceder a condiciones dignas y a una remuneración. (I)
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