Daba la impresión de ser una ciudad abandonada. Y hermosa por cierto. La descubrí, sin quererlo, una solitaria noche de lunes que el insomnio convirtió en madrugada. Una noche de pasos perdidos y luna plateada. Los viejos sauces a las orillas de los ríos y el viento helado del páramo que bajaba al galope desde …


