OPINIÓN| Confieso que siento nostalgia de mi bello Ecuador, amo a su pueblo y tengo pena por su inmensa desdicha al haber vivido durante una tenebrosa década gobernado por una banda de delincuentes de la peor especie que saquearon sin misericordia sus recursos económicos, demoliendo la democracia, la justicia, la libertad, la dignidad y …


