Vencido, se derrumba en su sillón. Cierra los ojos y respira hondo. No sabe llorar en las desgracias. Pero acaba de comprender que la suerte está echada, aunque a la historia le falten un par de capítulos intrascendentes. Podría aferrarse al último bote del naufragio. Creer en contra de toda evidencia. Pero no. Lo que …


