Las urbes ecuatorianas crecieron rápidamente en los últimos 30 años, pudiendo mejorar su infraestructura vial, equipamientos y servicios básicos. Penosamente la capital manabita era la excepción, anclada al pasado, por pésimas administraciones municipales, dispendio constante de los recursos financieros a pesar de contar con inmensas potencialidades y riqueza natural: clima, vegetación, agricultura, ganadería, pesca, playas, …









