Llegaron esposados. Se sentaron. Los latidos de sus corazones no eran los mismos. Al frente estaban los magistrados de la Corte Nacional de Justicia cuyas togas inspiran miedo, reverencia, respeto, o quien sabe qué. Era su última oportunidad para dejar la cárcel. Tras sus barrotes permanecían cinco de los doce años para los cuales fueron sentenciados. …











