Desconsolador ver como una tragedia que, poco a poco, se vuelve estadística, es el detonante de la virulencia con que discutimos los efectos, nos cegamos frente a las causas y esquivamos cualquier responsabilidad o compromiso. Desesperanzador escuchar voces de desprecio que justifican los hechos y exigen más violencia, violencia oficial, violencia progresiva, violencia para combatir …











