Por Carlos Vásconez La tarde estaba tibia. Era Cuenca y era un día normal. Amenazaba que llovería y que de pronto el sol nos obligaría a anhelar un buen vaso de agua de (¿dónde más?) la llave. Yo cruzaba la ciudad sin ninguna prisa y descubrí que había alguien que lo hacía incluso menos apurado …











